Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Encuadre | 18 octubre, 2017

Scroll to top

Top

Dignidad y derechos humanos: Reflexiones sobre los principios del diseño centrado en lo humano

Dignidad y derechos humanos: Reflexiones sobre los principios del diseño centrado en lo humano
Richard Buchanan

Cuando caminaba por las afueras de Ciudad del Cabo, hacia la ceremonia de apertura de la conferencia sobre el papel del diseño en Sudáfrica, vi a través de la lluvia y por entre la bruma un pequeño pedazo de tierra sobre la bahía.[1] Ingenuamente le pregunté a mi anfitriona si era parte de la península que se extiende al sur de la ciudad o si se trataba de una isla. Ella –y me doy cuenta hoy – con mucha paciencia, tranquilamente me explicó que no era “una isla” sino “la isla”. Me sentí abochornado, pero entendí inmediatamente lo que quería decir. Pasé el resto de la tarde pensando acerca de los prisioneros políticos que fueron encerrados en la Isla Robben, en los derechos humanos, y en la ironía de estar en presencia de la Bahía Table participando en una conferencia que pretendía explorar la reformulación de Sudáfrica por medio del diseño.

Estas reflexiones hallaron cierto eco, afortunadamente, en el discurso del Ministro de Educación, el Dr. Kadir Asmal, quien inauguró la conferencia abordando el significado del diseño, su necesidad, importancia y sus posibilidades en Sudáfrica y, lo más significativo, la idea de basar su desarrollo en los valores políticos y culturales expresados en la nueva Constitución de Sudáfrica.

Nunca, en ninguna parte del mundo, había oído a un alto funcionario gubernamental hablar de manera profunda sobre el nuevo diseño que actualmente estamos viendo emerger en este principio de siglo. Quizá el público se sorprendió por la rapidez y claridad con que él capturó la esencia de nuestra disciplina y la volteó –ahí, delante de nosotros– hacia la acción. Muchas de sus ideas iban más allá de los límites de nuestra disciplina; algunas, incluso, eran más avanzadas de lo que estaríamos dispuestos a admitir. Por ejemplo me parece que todos notamos en sus palabras cómo se refirió al importante cambio temático que ha estado experimentando el diseño, desde la “forma y la función” hacia “la forma y el contenido”.

Esta es una de las marcas distintivas de la nueva manera del diseño; no implica rechazar a la función, sino reconocer que, a menos que los diseñadores aprehendan el contenido y el significado de los productos que crean, su trabajo puede terminar causándole pequeños o incluso enormes estragos a nuestro mundo tan complejo.

Quedé particularmente sorprendido por el relato del Dr. Asmal acerca de la creación –y aquí él empleó deliberadamente la palabra diseño– de la Constitución de Sudáfrica. Explicó que después de las discusiones se decidió no modelarla siguiendo el conocido ejemplo de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica, que en una sección anexa contiene las enmiendas relativas a los derechos ciudadanos. Más bien se le dio una importancia capital desde el principio al concepto de dignidad humana y a los derechos humanos. Aunque en la ponencia no se profundizó en la base filosófica e histórica de esta decisión, no resultó difícil encontrarla. Richard McKeon, cotitular del Comité de Filósofos Distinguidos que realizó un estudio preparatorio para la Declaración Universal de los Derechos Humanos, explica que el desarrollo y la expresión histórica de nuestra comprensión colectiva de los derechos humanos se ha desarrollado en tres etapas.[2]Durante el siglo XVIII el centro del interés fueron los derechos civiles y políticos; en el siglo XIX ese sitio le correspondió a los derechos económicos y sociales, y en el siglo XX lo fueron los derechos culturales –formalmente planteados en el trabajo preparatorio para la Declaración Universal–. La constitución estadounidense comienza con una declaración acerca de los derechos políticos, y la sección anexa de enmiendas es una declaración de los derechos civiles, que protegen al ciudadano de la interferencia gubernamental. Este documento tiene sentido dentro de la situación de los derechos humanos a fines del siglo XVIII, y con el subsiguiente desarrollo de los Estados Unidos se han ido incorporando gradualmente los derechos tanto sociales como culturales.

En cambio la Constitución de Sudáfrica comienza con una declaración acerca de los derechos culturales, lo cual corresponde a la preocupación central en materia de derechos humanos de la etapa histórica en que surge.

Busca incorporar los derechos civiles y políticos, así como los económicos y sociales, en una nueva plataforma de valores y derechos culturales, haciendo especial hincapié en la dignidad. Como resultado, Sudáfrica ahora cuenta con un documento notablemente sólido, adecuado a las nuevas circunstancias y que marca un nuevo comienzo.

La conferencia inaugural del Dr. Asmal me hizo recordar la sección preliminar de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que plantea “el reconocimiento de la inherente dignidad y de la igualdad inalienable de los derechos humanos para toda la familia humana”.

Las reflexiones del Dr. Asmal eran importantes históricamente y claramente conscientes al recordamos el contexto cultural de la conferencia; sin embargo, el siguiente punto de su argumento dejó a la sala completamente en silencio. Hizo una conexión entre la práctica y el propósito último del diseño que a menudo está ausente en nuestras discusiones, sea en Sudáfrica, en Estados Unidos o en cualquier parte del mundo.

El diseño, argumentó, encuentra su propósito y sus verdaderos principios en los valores y en la vida constitucional de los países y de los pueblos. Establecido como principio, ello confiere responsabilidad a todas las naciones en la construcción de una cultura emergente que abarca todo el planeta: el diseño está fundamentalmente asentado sobre la dignidad y los derechos humanos.

Percibí entonces en la audiencia una comprensión intuitiva acerca de la legitimidad de este punto de vista; pensé que tal idea probablemente se volvió sorpresiva porque a menudo pensamos los principios del diseño de un modo diferente. Nosotros tendemos a discutir los principios de la forma y la composición, los principios estéticos, los de la usabilidad, los principios económicos y del mercado, de los negocios, o bien los principios mecánicos o tecnológicos que subyacen bajo los productos. En principio nos sentimos más cómodos discutiendo los principios de los varios métodos empleados en el pensamiento del diseño, por medio de los cuales nuestro trabajo está finalmente justificado y soportado. La prueba está en la enorme dificultad que tenemos para conducir buenas discusiones con los estudiantes que tienen serios cuestionamientos acerca de los valores y los propósitos últimos de nuestras diversas profesiones.

Las implicaciones de la idea de que el diseño está fundado en la dignidad y en los derechos humanos son enormes, y requieren de una cuidadosa exploración. Creo que nos ayuda a comprender mejor los aspectos del diseño que de otra forma permanecen oscuros en el fluido de pobreza y mediocridad de los productos que encontramos en todas partes del mundo. Debemos considerar qué entendemos por dignidad humana y cómo todos los productos que elaboramos hacen avanzar o caer el avance de esa dignidad. Y debemos pensar cuidadosamente acerca de la naturaleza de los derechos humanos –el espectro de los derechos civiles y políticos, económicos y sociales, así como culturales– y cómo esos derechos afectan directamente nuestro trabajo. Los aspectos que rodean la dignidad humana y los derechos humanos nos proveen de una nueva perspectiva para explorar los problemas éticos que residen en el corazón de las profesiones del diseño.

Lo que es importante en este momento, sin embargo, es que podamos reconocer en el argumento del Dr. Asmal la mayor tentativa para formular el nuevo pensamiento del diseño: el papel de los principios humanos en nuestro trabajo. En el lenguaje propio de nuestro campo, nosotros llamamos a este asunto el “diseño centrado en el ser humano”. Desafortunadamente a menudo olvidamos la fuerza y el significado de esa frase, y el principio básico que expresa. Sucede por ejemplo cuando reducimos nuestras consideraciones del diseño humano a aspectos que se reducen a la usabilidad o cuando hablamos del “diseño centrado en el usuario”. Es verdad que la usabilidad desempeña un importante papel en el diseño centrado en el ser humano, pero los principios que guían nuestro trabajo no están agotados cuando hemos concluido nuestros estudios sobre cómo lo ergonómico, lo psicológico, lo sociológico y lo antropológico se adaptan al cuerpo y a la mente.

El diseño centrado en el hombre es fundamentalmente una afirmación sobre la dignidad humana. Es una búsqueda constante de lo que puede ser construido para sustentar e impulsar la dignidad de los principios humanos, por medio de los actos que componen nuestras variables circunstancias sociales, económicas, políticas y culturales.

Es por ello que la isla Robben despertó en mí pensamientos desde el primer día de la conferencia. Me recordó que la calidad del diseño se distingue no sólo por la habilidad técnica de ejecución o por la visión estética, sino por el propósito moral e intelectual hacia el que lo artístico y lo técnico son dirigidos. La Isla Robben, sitio en el que Nelson Mandela y otros prisioneros políticos fueron aislados largamente de la participación en la vida nacional de Sudáfrica, es otro símbolo del diseño de la vigésima centuria que se vuelve insano cuando no está basado desde el inicio en un principio adecuado. Es un símbolo del diseño usado de forma injusta e ilegítima para delinear a una ciudad dentro de un sistema que niega la dignidad esencial de los principios humanos.

La Isla Robben pertenece, junto con otros inquietantes símbolos del diseño del siglo XX, a lo que uno de mis colegas, Denis Doran, llamó ciudades horripilantes. Él nos recordaba que el holocausto fue uno de las más refinadas experiencias de diseño del siglo XX, hecho obscenamente con cuidadosa atención en cada detalle.

Los planteamientos que hizo el Dr. Asmal son un mensaje importante para los trabajos de la conferencia y para quienes pertenecemos a la comunidad del diseño. Éste no sólo se basa en la dignidad y los derechos del ser humano; también es una herramienta fundamental para poner en práctica los principios de la Constitución en la vida diaria de todos los hombres, mujeres y niños.

El diseño no es un mero adorno de la vida cultural, sino una disciplina práctica con la que la acción responsable puede convertir a los altos valores civilizatorios, o culturales, en realidades concretas.

Así nos permite transformar ideas abstractas en formas específicas y manejables, lo cual se hace evidente al reflexionar sobre cómo el espectro de diseño influye en nuestras vidas. Como instrumento de la vida cultural, el diseño es una vía que hemos creado para que los artefactos y la comunicación estén al servicio de los valores humanos, impulsando aquello que consideramos adecuado para nuestras necesidades y deseos, y facilitando el intercambio de información e ideas que son esenciales para la vida civil y política. Pero el diseño también es un mecanismo con el que planeamos y creamos acciones, servicios y los demás procesos que hemos establecido para la vida pública y privada.

Dichas interacciones y transacciones constituyen el entramado social y económico de una nación. El diseño, por último, es un dispositivo con el que planeamos y creamos la totalidad compleja que constituye el armazón de la cultura –los sistemas y subsistemas que funcionan, ya sea en conjunción o en conflicto con la naturaleza, a fin de sostener el desempeño humano–. La gama incluye la información y los sistemas de comunicación, las redes eléctricas, los sistemas de transporte, las organizaciones administrativas, las instituciones públicas y privadas, y también la constitución nacional. Esto es lo que nos permite afirmar que la calidad de las comunicaciones, artefactos e interacciones, así como de los espacios ambientales en que aquéllas tienen lugar, es la expresión viva de los valores nacionales y culturales.

Por otra parte, no pensamos de manera ilusoria que el diseño lo es todo. Tampoco creemos ingenuamente que quienes se especializan en una u otra área del diseño deben ser capaces de realizar exitosamente tareas que son competencia de otras disciplinas. Más bien creemos que el diseño permite pensar acerca de lo que es significativo en el mundo y en muchos problemas que enfrenta la cultura contemporánea. Creemos que centrar la atención en el modo en el que los diseñadores trabajan en ciertas áreas especializadas, como el diseño industrial o el diseño de la comunicación, es relevante para la labor que realizan otras áreas. Y creemos que el acceso generalizado a las vías que surcan al pensamiento del diseño por dentro, puede proporcionarle a la gente nuevas herramientas de trabajo para estrechar vínculos con su entorno cultural y natural.

Así como trabajamos para mejorar la forma de pensar el diseño en cada una de sus áreas especializadas, también podemos contribuir a una mejor comprensión del diseño en general, que sea aprovechada en el futuro por otros para generar formas que todavía no podemos anticipar.

El mensaje urgente del Dr. Asmal es que, como diseñadores, debemos introducirnos en todas esas áreas, si queremos ayudar a sostener la revolución que ya ha comenzado en Sudáfrica y la amplia revolución de la cultura humana que está teniendo lugar a nuestro alrededor en todo el mundo.

Traducción de Alejandro Tapia, revisada por Mauricio Sánchez Álvarez.

Publicado en Design Issues, Vol. XVII, núm. 3 (Summer, 2001)

Richard Buchanan

Carnegie Mellon University



[1] Este ensayo está basado en el documento enviado a la Conferencia Internacional organizada por el Foro de Educación del Diseño de Sudáfrica, “Dando nueva forma a Sudáfrica a través del Diseño”, que tuvo lugar en Ciudad del Cabo entre el 22 y 24 de junio de 2002.

[2] Richard McKeon, “Philosophy and History in the Development of Human Rights,” en Freedom and History and Other Essays: An introduction to the Thought of Richard McKeon, comp., Chicago, University of

Chicago Press, 1990.