Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Encuadre | 19 octubre, 2017

Scroll to top

Top

Un acercamiento a la historia: el caso del empresario Claudio Pellandini

Un acercamiento a la historia: el caso del empresario Claudio Pellandini
Martha Eugenia Alfaro Cuevas

Resumen: el artículo se divide en dos partes. En la primera se analiza El Mundo Ilustrado, semanario aparecido en México de 1896 a 1914. Se le contextualiza en un periodo de estabilidad económica y gran actividad empresarial, ejemplificado por su director, Rafael Reyes Spíndola, pionero de la modernidad que innovó el modo de abordar la prensa, la publicidad, el diseño editorial y la identidad gráfica. Se revalora al semanario por su rico contenido representativo de la época, aunque pocos historiadores lo usen como fuente por considerarlo frívolo. En la segunda parte se ejemplifica esta riqueza, usando la revista como fuente para estudiar la trayectoria de Claudio Pellandini, empresario de las artes gráficas y decorativas. Pellandini, aparte de importar mercancías, estableció una fábrica para elaborar productos mexicanos con la misma calidad y menor costo que los importados; su prestigio se debe sobre todo a sus vidrieras artísticas. Las tiendas de Pellandini en México y Guadalajara también distribuyeron imágenes reproducidas en forma masiva.

Palabras clave: historia del diseño en México, porfiriato, industrialización, modernidad, artes visuales, prensa ilustrada, reproducción masiva de imágenes, grabado, fotografía, fotograbado, oleografía, linotipos, prensa rotativa.

Abstract: this text has two sections. The first one is about El Mundo Ilustrado, weekly magazine published in Mexico City from 1896 to 1914. Context is described as a time of economic stability and intense entrepreneurial activity, when its director, Rafael Reyes Spíndola, became a pioneer of modernity who innovated the ways of dealing with problems of the Press, Advertising, Design and Graphic Identity. El Mundo Ilustrado is revalued because of its rich content, representative of that time, although few historians use it as a source for they consider it to be frivolous. In the second section this wealth is exemplified, using the magazine as a source to analyze the trajectory of Claudio Pellandini, businessman of the graphic and decorative art trade. Pellandini, aside selling imported merchandise, established a factory to make Mexican products intended to have the same quality and less cost than the imported ones; its prestige comes mainly from stained-glass windows. Pellandini also distributed massively reproduced images in his stores at Mexico City and Guadalajara.

Keywords: History of Design in Mexico, porfiriato, industrialization, modernity, visual arts, illustrated press, massive reproduction of images, engraving, photography, photoengraving, oleography, linotype, rotative press.


 

Historia del diseño en México: Claudio Pellandini a través de El Mundo Ilustrado

Investigar la historia del diseño en México tiene una parte que se puede considerar positiva: casi cualquier cosa que se investigue arrojará alguna aportación, ya que muy pocos investigadores se han ocupado de ella. Existe poco riesgo de que el tema sea trillado y eso al menos da cierta ventaja de originalidad. Sin embargo este tema tiene otra parte, si no negativa, al menos complicada: se basa prioritariamente en fuentes primarias y exige ir generando el propio campo teórico. Prácticamente no existen investigaciones bibliográficas que ayuden a sustentar estos trabajos.

Considero que el gobierno de Porfirio Díaz (1876-1910) es un buen periodo para empezar a estudiar el diseño mexicano en el siglo XIX, ya que fue la primera vez en ese siglo que se presentó un lapso prolongado de estabilidad. Esto permitió un gran crecimiento económico, reflejado en el aumento de los servicios públicos en las ciudades; se desarrollaron los medios de transporte, en especial el ferrocarril, y los de comunicación como el telégrafo y el teléfono. México tuvo acceso entonces a algunos de los últimos avances científicos y tecnológicos de los países más avanzados de Europa y de los Estados Unidos. Finalmente, y no por eso es menos importante, se fortaleció y se consolidó la burguesía en nuestro país; esta clase social, además de importar objetos e inventos, adoptaba formas de vida y costumbres de las sociedades decimonónicas europeas, principalmente de Inglaterra, Francia y Alemania, y también de nuestros vecinos del norte, los Estados Unidos; esto delimitó de manera muy específica los espacios públicos y los privados.

El diseño en México se conformó simultáneamente con el concepto de nación moderna, debido a que esta actividad está estrechamente vinculada con la industrialización y la masificación. Debido a que en esa época se conformó la modernidad será conveniente estudiar el origen de esta nueva actividad, preocupada por la elaboración de nuevos productos, que ofrecían a la sociedad una forma de vida más cómoda, higiénica y saludable. La prensa ilustrada, que se guiaba por es­tos principios, nos permite indagar sobre esta temática con publicaciones maravillosas, llenas de información e imágenes reveladoras de una sociedad que se esfumó con el paso del tiempo. Estudiándolas se pueden recuperar las voces y las inquietudes de otros, interesados en el desarrollo de una nueva actividad que, por supuesto, en el siglo XIX no se llamaba diseño.

Una de estas valiosas publicaciones fue El Mundo Ilustrado, un semanario que apareció en 1895 y se dejó de publicar en 1914. Es curioso que esta publicación haya sido poco estudiada, probablemente por su carácter frívolo, ya que aparenta ser sólo una revista de entretenimiento eminentemente femenino y superficial. Sin embargo, cuando se profundiza en sus contenidos, uno se percata de que junto a la información de moda y de eventos sociales aparecen temas de gran interés en los aspectos económicos, científicos, literarios y artísticos.

Algunas de sus principales secciones fueron México industrial, México moderno, Vistas de México, Costumbres populares, Espectáculos (ópera, teatro y música), Casinos y clubes en México, Novelas y cuentos (que se publicaban por entregas), Poesía, Las residencias diplomáticas en México, Revista extranjera, Adelantos científicos en nuestro país, Instituciones científicas mexicanas, Museos mexicanos, Avances científicos en México y el mundo, escuelas establecidas en México y, por supuesto, páginas de moda, “para el hogar”, lecturas para damas y narraciones de eventos sociales.

ede104_vol2_rev10_art4_Pelladini

Su fundador y director hasta 1908 fue el Lic. Rafael Reyes Spíndola, gerente también del periódico de mayor importancia e influencia del porfiriato: El Imparcial. Estas publicaciones se producían con los mejores avances del momento, como el linotipo, y se pueden considerar como pioneras del periodismo moderno en México, ya que reunían las principales características de la prensa moderna:

a) Producción industrializada, que empleaba la rotativa, y usaba las líneas telegráficas y ferroviarias para la comunicación y la distribución.

b) Abaratamiento del precio por ejemplar, que permitía convertir al periódico en un negocio rentable. El Imparcial costaba un centavo; El Mundo Ilustrado, que tenía un derroche de tecnología, papel de primera y una gran profusión de imágenes, no modificó su precio desde su fundación hasta 1910: su suscripción mensual en la capital costaba $1.25 y la foránea $1.50. Si bien este precio era muy elevado al compararlo con el de El Imparcial, la burguesía media, integrada principalmente por burócratas, podía adquirir la revista.

c) Cambios en la política informativa, cuyos temas de mayor interés eran la crónica o el relato de hechos, con una ampliación considerable de los temas de la vida cotidiana.[1]

En un artículo de El Mundo Ilustrado del 3 de enero de 1904, titulado: “Cómo se hacen los periódicos diarios” (sic), se pueden apreciar los edificios de oficinas y talleres de la casa editorial. A través de este artículo podemos conocer sus diferentes departamentos: administración, sala de redactores, formación de diarios, estereotipia y linotipia. Había talleres de dibujo, de grabados y de cámaras fotográficas. Para demostrar lo moderno de sus máquinas, los reporteros decían que había dos rotativas; una pequeña que podía imprimir 16 000 ejemplares por hora y “la gran rotativa”, que producía 96 000 ejemplares por hora. A Rafael Reyes Spíndola le interesaba mucho producir una publicación ilustrada de gran calidad, que fuera un reflejo del progreso y de la modernidad del gobierno de Díaz, a cuyo grupo pertenecía y defendía. Por lo mismo, además de que en sus contenidos se podía apreciar un discurso apologético, el semanario se tenía que realizar con gran esmero y dedicación, aplicando los últimos adelantos científicos.

En el campo literario, colaboraron con la revista personajes destacados del mundo intelectual del momento. Sobresale el caso de Luis G. Urbina, quien además fue director del semanario de 1905 a 1908. Como secretario de redacción se destacó José Gómez Ugarte; otros colaboradores fueron José Juan Tablada, Manuel Flores, Carlos González Peña, Amado Nervo, Rubén Darío, Enrique González Martínez, José Santos Chocano, Julio Flores, María Enriqueta, Justo Sierra, Juan Ramón del Valle Inclán, Ángel de Campo y Manuel José Othón, entre muchos otros.

Galería de pinturas.

Galería de pinturas.

En relación con los aspectos visuales, como ya se dijo, el semanario contaba con talleres de dibujo, grabado y fotografía; era bastante común el fotograbado y en las portadas se usaban tricromías y cuatricromías. El Mundo Ilustrado disponía de una amplia colección de grabados, litografías y fotografías, pero continuaba enriqueciendo su acervo. Una manera muy común de hacerlo era que los propios lectores proporcionaran sus colecciones de imágenes, para que los ilustradores las reutilizaran. Dentro de las páginas había una sección llamada “Nuestros grabados”, donde los redactores daban crédito a los suscriptores que amablemente los cedían. Muchas imágenes de eventos sociales, así como ilustraciones de edificios u obras de arte, tenían esa procedencia:

Debemos a la fina amabilidad del Sr. D. Alfredo Zaldívar varias vistas del Baile de Tacubaya. El Sr. Saldívar es amateur entusiasta del arte fotográfico, lo cultiva por mero pasatiempo con un éxito satisfactorio. Sus trabajos que mucho le agradecemos esta vez, nos han sido muy útiles para dar una idea lo más exacta posible del sarao que reunió á nuestra culta sociedad…

Otras vistas debemos al fotógrafo ruso Mr. C. K. Torncliff, conocedor de su arte y especialista para hacer fotografías por la noche. Sus trabajos son siempre de una precisión admirable y de una delicadeza exquisita.[2]

Pero no todo era ilustrado con imágenes de colección. La revista contaba con grabadores de gran prestigio, como Julio Ruelas, Villasana, Antonio Gedovius, Antonio Bribiesca, Olvera y Félix. Ellos se encargaban de ilustrar las portadas, las novelas y lo que fuera necesario.

Esta publicación probablemente fue pionera en el manejo moderno de la publicidad; esta actividad se volvió una fuente muy importante de dinero para la empresa, además de que se convirtió en una poderosa arma de promoción para los anunciantes y permitió que los ilustradores experimentaran con nuevas ideas. En enero de 1904 se hizo perceptible su preocupación por hacer mucho más eficiente la publicidad; El Mundo Ilustrado informaba entonces que, a partir de ese año, se harían modificaciones importantes en la sección de anuncios, adoptando un sistema enteramente distinto del anterior: “…los anuncios irán distribuidos de manera que resalte a primera vista su importancia y estarán ilustrados con fotografías o figuras artísticas que los embellezcan y atraigan la atención del lector. Los comerciantes tendrán en lo sucesivo en EL MUNDO ILUSTRADO el órgano más a propósito para anunciar sus mercancías, pues contamos al efecto con la más variada colección de modelos de avisos, tanto a una tinta como a colores. Esperamos que el público recibirá con gusto las mejoras que vamos a implantar.”[3]

El empresario Claudio Pellandini

Como un ejemplo de la riqueza de información que puede brindarnos esta publicación, seleccioné un caso muy interesante; se trata de un reportaje de El Mundo Ilustrado acerca de Claudio Pellandini, un empresario relacionado con las artes gráficas y decorativas en la ciudad de México. El conocimiento de personajes como Pellandini es sustancial para la historia del diseño en México, ya que a través de su trayectoria podemos constatar la intensa actividad industrial que existía en el México del porfiriato; así también podemos rebatir tesis tan radicales como la que sostiene que en nuestro país, a finales del siglo XIX, no se producía nada y todo provenía del extranjero.

Claudio Pellandini nació en Suiza y llegó a nuestro país poco tiempo después de que éste iniciara su vida independiente. Su primer establecimiento comenzó en 1839, en una casa conocida como el Antiguo Correo, en el número 10 de la 2ª calle de San Francisco. Pellandini comenzó su negocio vendiendo marcos, cristales para espejos y grabados artísticos; con el paso del tiempo su empresa fue prosperando e incorporó la venta de muchos otros artículos, como papel tapiz importado, útiles para pintores, dorados, molduras y colores, tanto corrientes como finos. Parte de su éxito se debió a su visión capitalista, que le permitió vender artículos muy originales que no se conseguían en el país; tal fue el caso de una pintura laqueada de alta calidad llamada “Ripolin”, de la que Pellandini logró ser el único distribuidor autorizado en toda la República. También ofrecía colecciones de objetos de arte, como esculturas en mármol, bronce y terracota, espejos venecianos y florentinos, acuarelas de famosos artistas, grabados y una gran variedad de fotografías y vistas estereoscópicas de paisajes, de los ferrocarriles y de los tipos del país. [4]

Esta empresa creció aún más a partir de julio de 1895, cuando Pellandini pudo realizar su idea más ambiciosa: establecer en nuestro país la primera fábrica de artículos de arte, con la finalidad de ofrecer la misma calidad de los productos europeos pero a precios más accesibles. Para ello construyó unos enormes talleres, que ocupaban un área de 12,000 m2, en la 2ª calle de Comonfort, con maquinaria importada de Europa y de los Estados Unidos.

Parte del estudio original del vitralista Claudio Tranquilino Pellandini.

Parte del estudio original del vitralista Claudio Tranquilino Pellandini.

La fábrica contaba con varias secciones. El departamento de biselado y decoración de cristales se ubicaba en un gran salón de 600 m2 (20 m por 30 m), dotado con veintisiete máquinas eléctricas francesas y americanas para biselar, grabar y pulir toda clase de cristales, a cargo de más de veinte hombres. Ahí se producían espejos venecianos de hasta 4.50 m de largo, mediante el siguiente procedimiento: una vez pulidos y biselados los cristales, se pasaban al taller de grabado, donde se cortaban los vidrios y se hacían los marcos, el dorado y la pintura de las vitrinas artísticas, así como el grabado Nacional y hasta el Castillo de Chapultepec, donde residía Porfirio Díaz. La calidad de los vitrales de este taller era igual o superior a la de los producidos en Europa. Si Pellandini tuvo tanto éxito produciendo vitrales en México fue gracias a que la famosa fábrica francesa de Saint-Gobain lo nombró, a fines del siglo XIX, como su único representante y depositario exclusivo en toda la República mexicana. La gran casa manufacturera de Saint-Gobain fue, junto con la fábrica de los Gobelinos y las Porcelanas de Sèvres, una de las glorias industriales de Francia: “Fue fundada hace más de dos siglos, en el mes de octubre del año 1665, fecha anotada en las pa­tentes que el rey Luis XIV, por conducto de Colbert, dio a Nicolas de Noyer y a sus asociados, privilegiándolos para manufacturar vidrios y cristales”.[5]

El 14 de mayo de 1905 se publicó en El Mundo Ilustrado un artículo titulado “La Casa Pellandini. Un triunfo legítimo”. Ahí se puede apreciar, entre otras, una gran fotografía de la empresa con marcos, espejos y un proyecto de vidriera artística, todos realizados en sus talleres. El artículo comentaba que la empresa había participado en el pabellón de México en la feria de Saint Louis (Missouri), donde había obtenido el Gran Premio por su valiosísima exhibición de vidrieras artís­ticas y el primer lugar en espejos. El anuncio-artículo terminaba diciendo: “En cuanto a marcos, ¿quién no ha visto en los salones de la casa los bellísimos marcos estilos florentino, Renacimiento, Luis XV y Luis XVI? Precios muy reducidos que se encuentran generalmente al alcance de todas las fortunas”.

elladini

Hoy en día aún se puede observar una vidriera construida por Pellandini para el pasaje comercial del centro de la ciudad de Puebla; otro ejemplo es el domo del patio central del Centro Mercantil de la ciudad de México. También era común que las fábricas de prestigio tuvieran vitrales; en la Cervecería de Toluca se realizó uno de influencia Nouveau.[6] Pero aparte de sus vidrieras, la Casa Pellandini también logró su prestigio vendiendo papel tapiz de importación, proveniente de Europa y de los Estados Unidos. El Mundo Ilustrado comenta que, en una visita que realizaron sus reporteros, había a la vista más de quinientos mil rollos de papel tapiz almacenados y clasificados, desde el más barato hasta el más caro.

En la edición del 4 de febrero de 1906 se puede apreciar un bello anuncio tipográfico, donde sólo destaca el nombre de la Casa Pellandini enmarcado por una cenefa vertical, con elementos geométricos y detalles ornamentados. Esta forma de resaltar su nombre demuestra que la casa comercial ya tenía un gran reconocimiento, puesto que la sola firma era más que suficiente para que fuera identificada por los lectores del semanario. El listado de sus productos utiliza fuentes tipográficas y tamaños diferentes, que lo hacen más atractivo y evitan el cansancio visual, jerarquizando los productos de mayor éxito en el mercado, como su producción en vidrio y su enorme surtido de papel tapiz. Sus mercancías se circunscribían al campo de las artes decorativas y gráficas. Con esta información se realizó una clasificación de los productos que ofrecía:

Vidrios, cristales y lunas

• Talleres para fabricar tragaluces, vidrieras artistas, marquesinas.

• Grandes almacenes de obras de arte: pinturas, esculturas, mosaicos, acuarelas, objetos de fantasía y de lujo para regalos.

• Gran surtido de estampas, grabados, facsímiles, cromos y oleografías.

• Espejos de fantasía, obras de talla, consolas, marcos, biombos.

• Jardineras.

• Materiales para artistas y para ingenieros. Riquísimo surtido de estuches de matemáticas, lápices, papeles para dibujo, tablas, cartones y papeles preparados, cajas de colores al óleo, acuarelas y pastel.

• Fabricación de vitrinas para mostradores, aparatos niquelados para aparadores.

• Grandísimo surtido de papel tapiz.

• Marcos florentinos y pintura en porcelana.[7]

Como muestra de su gran seriedad, prestigio y tradición, se destaca que el establecimiento no cambió de lugar y permaneció desde 1839 en su primera casa, la del Antiguo Correo, en la 2ª calle de San Francisco número 10. Ahí se vendían y exhibían ejemplos de su trabajo, así como de su gran colección de objetos de lujo y utilidad. La Casa Pellandini tuvo una sola sucursal, que fue fundada en 1901 en los números 43 y 45 de la calle de López Cotilla, en Guadalajara, Jalisco.

ede104_vol2_rev10_art4_Pelladini2

Hemerografía

El Mundo Ilustrado. Publicación semanal de 1896 a 1908 en la ciudad de México.

El Monitor Republicano. Periódico del miércoles 8 de abril de 1896, núm. 85, 5ª época, año XLVI.

Bibliografía

HELLION PUGA, Rosa Denise. Exposición permanente. Anuncios y anunciantes en El Mundo Ilustrado 1905-1908 (tesis de maestría). México: UAM-A, 2006.

HUISMAN, Denis, y Georges PATRIX. La estética industrial. Barcelona: Oikos-Tau, 1971.

ORTIZ GAITÁN, Julieta. Imágenes del deseo. Arte y publicidad en la prensa ilustrada mexicana (1894-1939). México: UNAM, 2003.

TENORIO TRILLO, Mauricio. Artilugio de la nación moderna. México en las exposiciones universales. 1880-1930. México: FCE, 1998


[1] Rosa Denise HELLION PUGA. Exposición permanente. Anuncios y anunciantes en El Mundo Ilustrado, 1905-1908 (tesis de maestría). México: UAM-A, 2006. Apud Ariel Rodríguez Kuri, “El discurso del miedo: El Imparcial y Francisco I. Madero”, en: Historia mexicana. México: El Colegio de México, Vol. IX, núm. 4, 1991.

[2] El Mundo Ilustrado. Domingo 9 de enero de 1898, p. 19.

[3] Ibidem. Domingo 3 de enero de 1904.

[4] El Monitor Republicano. Miércoles 8 de abril de 1896.

[5] El Mundo Ilustrado. 1º de diciembre de 1901.

[6] Ibidem. 10 de mayo de 1908, y Rosa Denise Hellion Puga. Op. cit., p. 141.

[7] Ibidem. Domingo 4 de febrero de 1906.

 

 

Descargue el pdf