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Encuadre | 23 Agosto, 2017

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La publicidad neobarroca: Una visión posmoderna

La publicidad neobarroca: Una visión posmoderna
Martha Aideé García M.

Resumen: el presente ensayo comienza describiendo las categorías estéticas neobarrocas propuestas por Omar Calabrese para el estudio de textos culturales contemporáneos, estructuradas en forma de nueve pares o diadas. Siete de estas diadas se consideran aplicables al análisis de la publicidad actual: ritmo y repetición, límite y exceso, detalle y fragmento, inestabilidad y metamorfosis, desorden y caos, imprecisión e indefinición, y distorsión y perversión. Se buscan las expresiones cotidianas de estas diadas, tanto en conceptos de contenido como en formas de los mensajes publicitarios, y se concluye que la inestabilidad, la polidimensionalidad y la metamorfosis se presentan en los temas y en las imágenes que reinan en la publicidad posmoderna. Generalmente estas categorías no aparecen solas y es posible encontrar varias de las diadas conviviendo sin anularse ni estorbarse; más bien se integran, lo que a su vez confirma su pertenencia a un barroco contemporáneo o neobarroco.

Palabras clave: neobarroco, modernidad, posmodernidad, diadas, contemporáneo, ritmo y repetición, límite y exceso, detalle y fragmento, inestabilidad y metamorfosis, desorden y caos, imprecisión e indefinición, distorsión y perversión.

Abstract: this essay starts by describing the Neo-Baroque aesthetical categories proposed by Omar Calabrese for the study of contemporary cultural texts, ordered as nine pairs or diads. Seven of such diads seem to be applicable to the analysis of contemporary advertising: rythm and repetition, limit and excess, detail and fragment, instability and metamorphosis, disorder and chaos, and distortion and perversion. Everyday life expressions of such diads are sought for in content and formal advertising concepts, to conclude that instability, poli-dimensionality and metamorphosis are found in subjects and images prevailing in post-modern publicity. Generally, such categories do not appear alone and several diads can be found together without annulating or hindering each other; they rather tend to integrate, which in turn confirms they belong to a contemporary Baroque, or Neo- Baroque.

Keywords: Neo-Baroque, Modernity, Post-Modernity, diads, contemporary, rythm and repetition, limit and excess, detail and fragment, instability and metamorphosis, disorder and chaos, distortion and perversion.

Publicidad Neobarroca:

La incoherencia es preferible al orden que deforma

Describir las características de la publicidad contemporánea conlleva revisar la sociedad en la que se desarrolla; surge en el seno de su economía, pero influye en las motivaciones psicológicas y en la conformación del gusto de nuestra sociedad actual para cumplir con su objetivo: la movilización continua del mercado.

El anuncio está inmerso en un contexto comunicativo, en una sociedad determinada donde justifica su existencia y se relaciona con otros elementos comunicativos. Estas relaciones determinan los comportamientos y tendencias de los anuncios. En la creación y producción de un anuncio tradicionalmente se parte del gusto y las preferencias del usuario o consumidor; ambas características son de vital importancia, y se forman de la retroalimentación entre sus propias necesidades y propuestas y las de los medios, que se obtienen de la observación del gusto predominante. Es importante destacar que, por lo general, los creadores de estos productos culturales no son plenamente conscientes del ambiente estético que los rodea. Cada uno propone su estilo en la creencia de que es creativo en el sentido de unicidad. Sin embargo, bastará observar una colección de anuncios, incluso provenientes de nacionalidades diferentes, para descubrir que existe una serie de características comunes entre ellos.

Para conocer y clasificar estas características proponemos retomar la clasificación que Omar Calabrese, autor de La era neobarroca,[1] utiliza para estudiar textos culturales contemporáneos y que consiste en un conjunto de categorías formales conformadas siempre por pares, aplicables incluso a la publicidad. Calabrese las observa indistintamente en la mayoría de los mensajes que emiten los medios de comunicación masiva y se relacionan directamente con los avances de la ciencia, para explicar cómo dichas características son el resultado de un momento histórico y social, ya que reflejan la ideología y el conjunto de valores de una sociedad. El contexto de este estudio está fijado dentro de la posmodernidad como corriente sociohistórica, cuya tendencia estética predominante es el neobarroco.

El neobarroco se define como una corriente estética que surge aproximadamente en los años sesenta. Aunque lleva el término barroco, ello no significa que retome los postulados ideológicos del barroco del siglo XVIII. La similitud radica en que ambos movimientos estuvieron rodeados de cambios psicológicos y sociales importantes.

El neobarroco se caracteriza por lo recargado de las formas, la predilección por los efectos y el escándalo al abordar los temas; de ahí resultan productos culturales de impacto en los que predominan la contradicción, la paradoja, la inestabilidad y la fragmentación, tanto en su contenido como en sus formas. En un sentido más amplio, el término barroco se refiere a una forma de expresión en cualquier estilo artístico; así entendido, lo barroco está presente en la fase más expresiva de cualquier movimiento artístico donde se priorice la expresión a la forma. Incluso lo barroco se toma como opuesto al concepto de clásico, que se utiliza para caracterizar el arte que considera más importante la calidad de los elementos técnicos y estéticos establecidos que la expresión o la emoción.

Es en ambos sentidos, el de la prioridad de la expresión dentro de una serie de cambios intelectuales, sociales e históricos, y el de la oposición a lo clásico, que se toma aquí el concepto neobarroco; también porque refleja una realidad sobre la expresión cultural donde se gusta más de la expresión recargada. La imaginación, la exuberancia, el mundo de las ideas, lo lúdico, la ironía y la velocidad de cambios en la ideología están presentes en esta etapa, que hoy se manifiesta como tendencia en todos los ámbitos estéticos y comunicativos de la vida contemporánea.

De igual manera que el barroco surge gracias a los cambios sociales y psicológicos que sufre el hombre de los siglos XVI y XVII, el neobarroco se desarrolla en el siglo XX rodeado de importantes cambios ideológicos y sociales. Calabrese asegura que el neobarroco reside en la búsqueda de formas que consisten en la pérdida de la integridad, de la globalidad, de la sistematización ordenada, a cambio de la inestabilidad, la polidimensionalidad y la mutabilidad.

Es en el reino de los media donde las imágenes posmodernas se convierten en neobarrocas. Perteneciente a otros neos (neogeo, neoconceptualismo, etcétera), el neobarroco es propuesto no sólo para agrupar objetos artísticos, sino también culturales, como producciones de tv, cine comercial y, por supuesto, anuncios publicitarios.

Formalmente recargado y amontonado, el neobarroco se expresa como apariencia y ficción ante una sociedad fascinada por los efectos, al igual que ocurrió con la sociedad del siglo XVIII ante lo cálido y escandaloso del barroco. Acude a técnicas artísticas y mercadológicas para ofrecer un producto final complejo y atractivo. Utiliza los medios de manera indistinta: lo mismo aborda la fotografía artística que el video, los medios publicitarios o la internet, acoplándose a las diferentes necesidades técnicas de cada medio para atraer la atención con sus seductoras formas.

Se puede considerar que el vocabulario formal del barroco y, por lo tanto, del neobarroco, incluye exuberancia, extravagancia, sinuosidad, exageración de las formas, rechazo de la línea recta, convulsión, retorcimiento, formas atormentadas, gesticulación, arte declamatorio, elementos en libertad, “formas que vuelan” (Eugenio D’Ors), estallido del espacio, desequilibrio, disimetría, dinamismo diagonal, efecto de profundidad, evanescencia, juego de apariencias, ilusión óptica, profusión decorativa, arte del movimiento, arte recargado…[2]

El neobarroco recurre a lo grotesco; realiza una lectura irónica, crítica y burlona “con irreverencia, ambigüedad, sarcasmo, circularidad semántica y despojo del lenguaje clásico basada en la parodia y en el artificio”.[3] Es en éstas donde se valoran la aventura, el abandono placentero, la libertad y el capricho personal; por ello la obra neobarroca debe ser preconcebida y preelaborada para las masas a través del kitsch. Así, el neobarroco no es una técnica gratuita de producción de imágenes y textos culturales, sino una expresión, de igual manera que lo es el lenguaje y hasta la escritura. La imagen posmoderna se produce con la apropiación de la imagen por el creador, quien la traduce y modifica a su entero capricho. En sus manos la imagen llega a ser otra cosa; añade otro significado, suplanta el significado anterior de la imagen, reproduciéndola en otro contexto, ha­ciendo de ella un pastiche entendible por un grupo social determinado y fácil de comercializar.[4]

La valiosa aportación que hace Calabrese al estudio del neobarroco es organizar estas características por categorías estéticas. Éstas, dicotómicas en un principio, no son excluyentes; más bien se espera la aparición de una o más categorías a la vez, no sólo en su sentido formal, sino también en el contenido.

Así, Calabrese propone las siguientes categorías des­de las cuales proponemos abordar los aspectos formales, estructurales y de contenido de los anuncios publicitarios: a) ritmo y repetición, b) límite y exceso, c) detalle y fragmento, d) inestabilidad y metamorfosis, e) desorden y caos, f ) Imprecisión e indefinición (más-o- menos y no-se-qué) y, por último, g) distorsión y perversión, de las cuales nos interesa ahondar en la variante de “cita neobarroca”. No aplicaremos el estudio correspondiente a las categorías j) nudo y laberinto, ni k) complejidad y disipación, que desarrolla el autor en su texto, por tratarse de conceptos teóricos poco aplicables al estudio de la publicidad.

a) Ritmo y repetición

En una sociedad industrializada como la nuestra, los objetos de consumo nacen en serie como similares a un original; se mejoran según avanza la tecnología y se alejan poco a poco de la matriz, volviéndose mejores en cuanto a sus características funcionales y estéticas se refiere. Pero esta tendencia no sólo ocurre en los objetos de consumo, sino también en los productos culturales emitidos por los medios de comunicación masiva. En esta situación, la reproducción de textos culturales se genera de manera rápida, repetitiva y con un creciente perfeccionamiento formal, gracias a los cambios ideológicos y tecnológicos. Esto tiende por consecuencia a una estética que Calabrese llama estética de la repetición.

Formalmente podemos encontrar en el diseño contemporáneo elementos gráficos que se repiten constantemente, dando lugar a fondos y texturas que se ayudan con la superposición de textos tipográficos o de un mismo motivo. A mayor superposición de figuras y elementos, de manera irregular o colocados a una distancia modular cerrada respecto de un recorrido interior planificado, se obtiene un ritmo rápido que genera movimiento. A la constante de este movimiento se le llama ritmo frenético. En parte, el ritmo frenético y la repetición son consecuencia de la forma en que los medios de comunicación nos presentan la información y de la velocidad con la que el público la consume; se deben también a la necesidad que tienen los medios de comunicación de seguir proponiendo temas para el consumo y el entretenimiento. Para la publicidad el problema es urgente, pues el objetivo está claramente definido: informar y seducir para lograr la venta. Como los temas de los que se vale se agotan pronto, se ve obligada a re-producir (a repetir) los temas ya planteados pero buscando enfoques nuevos y creativos. La publi­cidad acude constantemente a las herramientas de la tecnología y los efectos especiales, aun cuando el contenido sea pobre.

Otro aspecto de la repetición lo conforman los estereotipos en las imágenes publicitarias. La estructura de los programas de televisión, de entretenimiento y gran parte de la publicidad está compuesta precisamente por estos moldes de personas, gustos, actitudes y situaciones, que representan conceptos muy simples, poco diferenciados, falsos en la mayoría de los casos (pues han sido obtenidos de segunda mano) y con evidentes desviaciones por la falta de una experiencia directa que refleje la realidad. Estas estructuras son resistentes al cambio, con el objetivo de mantener una comunicación fácil y de bajo contenido de información.

b) Límite y exceso

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Aunque parecen cercanos, los conceptos de límite y exceso se comportan de maneras diferentes: mientras el primero lleva los actos hasta la frontera de los límites de significación de una sociedad, pero sin romperla, sin trascenderla, el exceso llega a la frontera, la quiebra y forma brechas. Sin embargo, ambos coinciden en crear dentro de la sociedad la tensión y la superación de los confines; estas consecuencias no siempre resultan negativas, pues son mecanismos naturales, al tratarse de una cultura viva que se alimenta y retroalimenta constantemente. Pero para Calabrese el exceso es sin duda el más desestabilizador, porque cualquier acción, obra o individuo excesivo quiere poner en discusión cierto orden, quizá destruirlo o construir uno nuevo.

Una vez aclarados ambos conceptos, Calabrese procede a analizar aquellos fenómenos culturales que sobrepasan el límite o que se exceden en sus manifestaciones, señalando a la publicidad como uno de ellos, quizá el más constante, debido a su necesidad de captar la atención. En la búsqueda por captar la atención, el diseño de la publicidad propone imágenes y elementos que tienden al exceso y a traspasar los límites: excesos de exposición, tipografía fantástica y formatos desorde­nados hacen que los anuncios se tambaleen al borde de la ilegibilidad.

Si bien es cierto que existe un conjunto de características formales constantes que hacen reconocible un anuncio, tal como lo señala Georges Péninou, también es cierto que continuamente se está tratando de estirarlas al máximo para captar la atención. Así, se proponen formatos que rompen con los layouts tradicionales y equilibrados, se incurre en excesos en el color, en el número de imágenes y en la legibilidad de la tipografía.[5] Que al consumidor o usuario posmoderno le agrada la desmesura es un hecho, y que la norma no coincida con la realidad lo lleva a excesos de comportamiento en masa, como el histerismo frente a los espectáculos, las competencias deportivas y políticas, y por supuesto los estímulos publicitarios.

Precisamente uno de los temas de los que más se ha abusado es la sexualidad humana, por la facilidad con que pone en crisis al sistema de valores. La publicidad usa y abusa de la sexualidad para forzar la atención del público, pues representa uno de los factores de atracción más comunes y está entre las necesidades psicológicas básicas, junto con las de aceptación social y éxito. Para ello proponemos el término exsexo, es decir, el abuso de la sexualidad para concretar el mensaje comercial.

c) Detalle y fragmento

2210bd_vol2_rev10_art2_neobarroca2Definimos el detalle como un acercamiento a un entero, donde se reconoce su forma por la relación que existe entre ambos; permite la conciencia del todo por el análisis de sus partes al reconstruir el sistema, descubriendo sus leyes y estructura, verificándolo o reformulándolo. El fragmento, por su parte viene del latín frangere, es decir, “romper”. Entre otras cosas, de frangere derivan también otros dos lemas que constituyen parte respecto a un todo: “fracción” y “fractura”, por lo que el fragmento no es definido, sino interrumpido. Mientras el detalle es acción de un sujeto en presencia, el fragmento se genera por un entero en ausencia. No permite reconstruir el sistema, sino por el contrario es re-construido por medio de una hipótesis que explica de una manera nueva al sistema mismo.

Por supuesto el detalle y la fragmentación nos llevarán a conceptualizar la realidad y la estética de manera diferente, pues han sido utilizados como método de creación y producción por el arte, por los mass media y la publicidad. Frente a un público que recibe más impactos publicitarios de los que puede recordar, la publicidad se ve en la necesidad de proponer temas que le ayuden en la persuasión y en la recordación; utiliza regularmente los que se encuentran en la imaginería po­pular, pero fragmenta o detalla sólo una parte de ella, aquello que le sirva para la obtención de sus objetivos estéticos. Así se construyen nuevos significados, es decir, nuevos enteros que a su vez serán utilizados para la construcción de otros enteros.

El fragmento, por su lado, tiene una geometría propia; expresa lo caótico, lo casual, el ritmo, el intervalo de la escritura. Con él se pueden proponer nuevos enteros a partir de pedazos inconexos con el origen. Estéticamente el fragmento también se vuelve un entero, pero con un nuevo orden donde se pone el acento en la irregularidad y en la asistematicidad, donde se obtiene el sentido de estar hecho pedazos. Se trata, pues, de una pérdida de valores de contexto y de respeto a los orígenes. También se trata de un gusto por la incertidumbre y causalidad de los confines de la obra, extrayendo fragmentos y realizando su recomposición casual.

Un ejemplo claro de esta recomposición lo representa el zapping, concepto que la publicidad conoce bien, pues representa pérdida de atención hacia los anuncios. Zapping es una voz inglesa que se utiliza para referirse al “constante cambio de canal de televisión, cuando en el que se está viendo se emite publicidad, para evitar verla”;[6] esta acción le da al usuario la oportunidad de viajar por diferentes canales e interesarse por más de un programa a la vez. Aunque, de primera instancia, para la publicidad el zapping representa una importante pérdida de audiencia, para el espectador es un motivo más de placer, pues reconstruye los enteros por fragmentos de programas que no tienen conexiones entre sí.

Un señalamiento final sobre el detalle y el fragmento nos hace Calabrese, y es que, pese a su diferencia, acaban por participar de una característica común: la pérdida de la totalidad y la unidad, que conlleva a perder de vista el cuadro general de referencias y puntos de partida, fragmentando nuestra forma de percibir la realidad.

d) Inestabilidad y metamorfosis. Lo monstruoso

La inestabilidad y la metamorfosis están presentes de varias formas en la publicidad. Una de ellas está conformada por las mascotas e imagotipos utilizados comúnmente por las marcas, que son pequeñas imágenes usadas para crear recordación y sensibilidad en el grupo meta. La teoría del diseño en general no reconoce al imagotipo como monstruo en tanto que se le relaciona con su uso mitológico, pero en tanto que para Calabrese es todo aquel ser fuera de la norma que “se emplea para representar no tanto lo sobrenatural o lo fantástico, como sobre todo lo maravilloso, que depende de la rareza y casualidad de su génesis en naturaleza”.[7] Por otro lado, etimológicamente monstruo significa “lo que es digno de ser mostrado, lo que merece exhibirse”.[8] De modo que los monstruos son lo espectacular por antonomasia: se definen por constituir en sí mismos un espectáculo.

La metamorfosis se hace presente en la publicidad porque contiene un doble sentido: se presenta como motivo de placer y se transforma en seducción para la compra. La inestabilidad ha sido utilizada frecuentemente por el diseño gráfico posmoderno como rebeldía contra el orden, el equilibrio y la claridad del diseño moderno, como resultado natural de su exploración y del abuso de su rígida aplicación. La inestabilidad visual se corresponde con formas que se enciman, líneas diagonales que implican perspectiva o la invierten; pinceladas que se mueven de regreso en el espacio detrás de elementos geométricos y for­mas flotantes que proyectan sombras. Dichas expresiones son los medios utilizados para hacer que las figuras se muevan hacia delante y hacia atrás desde la superficie de la página impresa.

La publicidad privilegia la inestabilidad en su expresión estética, no sólo en el diseño y elaboración de envases, que cada vez se alejan más de sus características funcionales, sino también en el dise­ño de los anuncios a nivel de layout.

e) Desorden y caos

Las imágenes de diseño y de publicidad en la actualidad se pueden describir como desordenadas y caóticas: texturas que incluyen fondos y pantallas a medios tonos agrandadas y modelos repetitivos de puntos o líneas rectas, que contrastan en tono o color con anchas configuras apla­nadas. Pero no llega al caos total ni hace que el proceso de comunicación se trastoque: “la dispersión intuitiva de numerosos elementos puede derrumbarse en desorden, pero un sistema de organización de punto y contrapunto mantiene el orden orientando el ojo hacia la página, mediante elementos dominantes que ceden el paso a otros elementos, mientras el observador se mueve a través de la riqueza de las formas de la página”.[9]

Lo anterior se logra cuando el diseñador decide la colocación de los elementos, es decir, manipula el balance. Tradicionalmente el layout que no está en equilibrio visual parece más cargado de un lado que del otro, por lo que en apariencia parece un error. En las manifestaciones del diseño publicitario actual existen dos tipos de balance: formal e informal. El balance formal es conservador y sugiere estabilidad, y es generalmente usado para productos que requieren gran confiabilidad, como servicios e instituciones gubernamentales; el balance informal es asimétrico y crea un layout más dinámico o excitante,[10] características importantes que conforman y confirman la estética neobarroca.

f) Imprecisión e indefinición (o el más-o-menos y el no-sé-qué)

2Los objetos pueden ser representados a través de la deformación, hasta llegar a la inexactitud y a la inestabilidad. Hoy sabemos que se pueden crear artificialmente formas temporales o espaciales no claramente perceptibles: indistintas, amorfas e inextricables, que son del gusto de la sociedad posmoderna. Una de las principales características que toman la imprecisión y la indefinición en su exceso es la comicidad; puesto que no existe humor que no exija una parte de actividad psíquica del receptor, se crea placer ante un discurso en apariencia estable y reconocible, pero que cierra de una manera imprecisa, apenas reconocible y cercana al no-sé-qué, y hace uso de las formas modernas de la risa, el humor, la ironía y el sarcasmo.

Dichas estrategias están presentes en la mayoría de los anuncios publicitarios, que se esconden detrás de elementos en apariencia distractores, pero que tienen la finalidad de atraparnos para llevarnos al final: El anuncio no dice lo que quiere decir, sino otra cosa que, una vez pensado, pensado con una cantidad y calidad de pensar, te sorprende, te gratifica con la emoción del descubrimiento y con la halagadora recompensa de que han apelado a tu inteligencia y has sabido estar a la altura. Los pasos son sencillos: primero, a nivel visual se propone una cosa (una imagen, un texto, un sonido) que de entrada no encaja de ningún modo; una foto que seguramente se deberá a un error, pues no existe una liga lógica con el producto. Entonces el espectador se pregunta ¿qué querrá decir? Así se inicia el proceso mental que se ve recompensado cuando el espectador descubre el sentido exacto del mensaje, obteniendo placer.[11]

Y son precisamente los anuncios humorísticos los que más placer provocan, y los que muchos espectadores y jueces de certámenes publicitarios consideran como los más creativos; es decir, en la publicidad nos gusta lo impreciso, lo indefinido, siempre y cuando sea resuelto al final para bienestar del anunciante, de la marca y del consumidor.

g) Distorsión y perversión

Frente a una cultura mediática que se genera y re-genera a un ritmo frenético, los temas que pueden abordar los creadores de textos culturales se agotan rápidamente, razón por la cual aparecen constantemente mensajes con referencias sobre expresiones artísticas y culturales del pasado (de cualquier periodo), que echan mano al imaginario colectivo sobre la vida del futuro. Pero la expresión posmoderna no contempla nada más la mera enunciación de un hecho pasado o futuro, ni contempla su génesis o su tradición; al igual que el barroco del siglo XVIII, toma elementos del pasado para re-crearlos.

Sucede entonces que en la fragmentación de ideas, de discursos y de formas, el discurso se distorsiona hasta perder su punto de partida, y la forma se pervierte en la expresión, deformándose hasta volverse pastiche de citas y lugares comunes. En el diseño gráfico con­temporáneo es común tomar como pretexto algunas formas inspiradas en modelos ya experimentados y fijados con anterioridad, desde las formas de las ruinas de un sitio arqueológico hasta la tipografía de la humilde máquina de escribir.

La cita, es decir el acto de referir las palabras de alguien con la finalidad de subrayar o ilustrar un aspecto de una obra mediante el empleo de un elemento preexistente,[12] ha sido juzgada por muchos autores como uno de los principales modos de expresión de la pos­modernidad. Pero la cita neobarroca llega más lejos: crea la duda sobre la autenticidad o la falsificación de la verdad que, mostrando su origen, lo niega y lo falsifica, es decir, lo pervierte. Así la publicidad cita pervirtiendo el tema, lo mismo una obra de arte que un acontecimiento político, una parte de la literatura, un detalle del imaginario colectivo y hasta se cita a sí misma, recordando segmentos o estilos publicitarios ya pasados. Las imágenes publicitarias utilizan a menudo esculturas o pinturas para aumentar la seducción o la autoridad de sus propios mensajes. Esto resulta muy útil, porque la publicidad es la cultura de la sociedad de consumo y divulga mediante las imágenes lo que la sociedad cree de sí misma.

Cualquier obra de arte citada por la publicidad sirve a dos fines. Por un lado, utilizar obras de arte es un signo de opulencia encuadrado en la buena vida y forma parte del mobiliario que el mundo atribuye al rico. Por el otro, sugiere también una autoridad cultural, una forma de dignidad, incluso de sabiduría, que es superior a cualquier interés vulgar. De ahí que la obra de arte citada (y por eso es tan útil para la publicidad) diga al mismo tiempo dos cosas casi contradictorias: denota riqueza y espiritualidad, e implica que la compra propuesta es un lujo y un valor cultural.

La publicidad se aprovecha entonces de la educación tradicional del espectador-comprador y cita lo que aprendió en la escuela sobre historia, mitología y poesía, para fabricar fascinación. Dice John Berger: “pueden venderse puros con el nombre de un rey, ropa interior referida a la Esfinge, un nuevo modelo de coche respaldado por el rango de una mansión rural”.[13]

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Conclusiones

La expresión publicitaria, polémica y compleja, no sólo abarca problemas de representación, diseño y soporte, sino también, como vimos, problemas de procesos creativos. La visión neobarroca, que fue aplicada fun­damentalmente en los media por Calabrese, prueba ser una manera diferente de abordar dichos problemas.

Vemos así que la inestabilidad, la polidimensionalidad y la metamorfosis se presentan en los temas e imágenes que reinan en la posmodernidad. Generalmente ninguna se expresa sola, pues es posible encontrar varias de las diadas conviviendo sin anularse o estorbarse; más bien se integran, confirmando así su pertenencia al barroco contemporáneo.

Se demuestra en este estudio que los hechos históricos y sociales, las condiciones de vida cotidiana y la continua exposición a los medios de comunicación masiva influyen en las expresiones humanas, tanto visuales como de contenido; que la manera como se vive actualmente determina en gran parte las actitudes en la creación y en la recepción de mensajes, creando una cultura de características estéticas únicas.

Sin embargo, a favor del publicista podemos asegurar que, más allá de una actividad meramente económica, la publicidad demostró ser una expresión válida y vigente, en tanto que es reflejo de la sociedad que la permite. Entre todos los medios de comunicación, la publicidad es la que más se preocupa por conocer las últimas tendencias en el gusto y la expresión, y utilizarlas para su propia aplicación: “porque la veracidad de la publicidad no se juzga con el cumplimiento real de sus promesas, sino por la correspondencia entre sus fantasías y las del espectador-comprador. Su verdadero campo de aplicación no es la realidad, sino los ensueños”.[14]

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Bibliografía

Fuentes impresas

BERGER, John. Modos de ver. Barcelona: Gustavo Gili, 2000.

CALABRESE, Omar. La era neobarroca. Madrid, Cátedra, 1987.

Diccionario Akal de estética. Madrid: Akal, 1998.

MEGGS, Phillip B. Historia del diseño gráfico. México: Trillas, 1991.

MOLINÉ, Marçal. La fuerza de la publicidad. Barcelona: McGraw Hill, 2000.

PÉNINOU, Georges. Semiótica de la publicidad. Barcelona: Gustavo Gili, 1976.

SAVATER, Fernando. Diccionario filosófico. México: Planeta, 1995.

WELLS, William. Publicidad. México: Prentice Hall, 1996.

Fuentes electrónicas

ALMELA, Ramón. “Imagen alegórica, estrategia en la cultura contemporánea”, en: www.criticarte.com/ page/file/expoct01/imagenalegorica.html. Último acceso el 4 de marzo de 2003.

BURCKHARDT, Jakob. Citado en: Leguizamón, Juan Anselmo. “Análisis del video posmoderno”, en: www.fortunecity.com/victorian/bacon/1244/IndiceLegui.html. Último acceso el 1º de marzo de 2003.

“Glosario de publicidad y marketing”, en: www.glosariopub.com. Último acceso el 1º de mayo de 2003.

SARDUY, Severo. Citado en: www.jornada.unam.mx /2002/sep02/020904/ori-vis.htm. Último acceso el 1º de marzo de 2003.

 


[1] Omar CALABRESE. La era neobarroca. Madrid: Cátedra, 1987.

[2] Jakob BURCKHARDT, citado en Leguizamón, Juan Anselmo. “Análisis del video posmoderno”, en: www.fortunecity.com/victorian/ bacon/1244/IndiceLegui.html. Último acceso el 1º de marzo de 2003.

[3] Severo SARDUY, citado en: www.jornada.unam.mx/2002/sep02/020904/ ori-vis.htm. Último acceso el 1º de marzo de 2003.

[4] Glosa de Ramón ALMELA. “Imagen alegórica, estrategia en la cultura contemporánea”, en: www.criticarte.com/page/file/expoct01/ imagenalegorica.html. Último acceso el 4 de marzo de 2003.

[5] Georges PÉNINOU. Semiótica de la publicidad. Barcelona: Gustavo Gili, 1976

[6] “Glosario de publicidad y marketing”, en: www.glosariopub.com . Último acceso el 1° de mayo de 2003.

[7] CALABRESE. Op. cit., p. 107.

[8] Fernando SAVATER. Diccionario filosófico. México: Planeta, 1995

[9] Philip B. MEGGS. Historia del diseño gráfico. México: Trillas, 1991, pp. 531-534.

[10] William WELLS. Publicidad. México: Prentice Hall, 1996, p. 550.

[11] Marçal MOLINÉ. La fuerza de la publicidad. Barcelona: McGraw Hill, 2000, p. 371.

[12] Diccionario Akal de estética. Madrid: Akal, 1998, p. 281.

[13] John BERGER. Modos de ver. Barcelona: Gustavo Gili, 2000, p. 154.

[14] BERGER. Op. cit., p. 160.

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