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Encuadre | 24 Mayo, 2017

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Transdisciplinas: Octavio Paz, editor tipógrafo

Transdisciplinas: Octavio Paz, editor tipógrafo
Fernando Rodríguez

Secretario académico de la Escuela de Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes

Resumen

Este texto nos ofrece un íntimo y contundente atisbo a las letras en su inseparable significado lingüístico, poético y visual, ilustrado con la grandeza de un poeta, de un editor y de un diseñador que dialogaron con generosidad para que la poesía, la edición y el diseño alcanzaran juntas lo mejor de sí. Posteriormente, se toma esta fructífera relación como anécdota para lanzar un poderoso alegato en torno al tema de la interdisciplinariedad, ya no como mero ideal enunciativo, sino como manera de concebir nuestra práctica.

Abstract

This text offers us an intimate and powerful glimpse into letters, in their inseparable linguistic, poetic and visual meaning, illustrated with the greatness of a poet, a publisher and a designer who engaged in a generous dialog so that poetry, edition and design could reach together the best of themselves. Later, this fruitful relation is taken as an anecdote to cast a strong plea about interdisciplinarity, not as a merely declarative ideal, but as a way to conceive our practice.

Palabras claves

Arte, cultura, disciplina, diseño editorial, edición, escritura, imagen, lectura, letra, libro, literatura, Octavio Paz, página, plástica, poesía, tipografía, transdisciplina.

Keywords

Art, Culture, discipline, Design, image, reading, letter, book, Literature, Octavio Paz, page, plastic, Poetry, Publishing, Typography, transdiscipline, writing.

Octavio Paz.

1. Tejidos de relaciones

Creo que el fragmento es la forma que mejor refleja esta realidad en movimiento que vivimos y que somos. Más que una semilla, el fragmento es una partícula errante que sólo se define frente a otras partículas: no es nada sino es una relación. Un libro, un texto, es un tejido de relaciones.

Octavio Paz, Corriente alterna.

Octavio Paz (1914-1998) no sólo es el mayor autor mexicano del siglo XX, quien abordó todos los géneros poéticos, sino que puede considerarse un ejemplo de mediador de saberes de distinto orden, que se rebeló contra la rigidez disciplinaria de la cultura artística y literaria. Omnívoro transdisciplinar, lo llama Francesco Pellizzi.[1]

La obra poética y crítica de Paz abordó múltiples campos disciplinares que articularon saberes en distintas modalidades y grados de integración. En sus ensayos puede transcurrir del erotismo a la ciencia; de la antropología a la teoría de los signos o de la literatura hasta la filosofía y la política.

Para los diseñadores no pueden pasar desapercibidos sus luminosos ensayos “Los signos en rotación”, “El uso y la contemplación” o “Risa y penitencia”; ni tampoco sus innumerables versos, donde las imágenes poéticas desatan un cúmulo de representaciones. Pero, aparte de recomendar su relectura, es propósito de estas notas destacar un aspecto del poeta mexicano que puede ayudarnos a comprender los procesos o proyectos interdisciplinarios en el aprendizaje y en la acción profesional del diseño.

No hacemos una valoración de toda su obra —muchos otros ya lo han estudiado mejor en ensayos, volúmenes y simposios—; sólo queremos citar tres ejemplos que se vinculan con el diseño tipográfico: Blanco, Discos visuales y Topoemas.

2. Blanco

La expresión más perfecta y viva del espíritu de nuestra época, tanto en la filosofía como en la literatura y las artes, es el fragmento. Las grandes obras de nuestro tiempo no son bloques compactos sino totalidades de fragmentos, construcciones siempre en movimiento por la misma ley de oposición complementaria que rige a las partículas en la física y en la lingüística.

Octavio Paz, Corriente alterna.

El acercamiento y la participación de Octavio Paz con artistas, editores y diseñadores en los años sesenta ejemplifica esta transdisciplina integradora de saberes que culminó en varios productos diseñados en colaboración con Joaquín Díez-Canedo y Vicente Rojo.

De este periodo, Blanco (1966), Discos visuales (1968), Marcel Duchamp o el castillo de la pureza (1968) y Topoemas (1971) son obras poéticas fundamentales de experimentación espacial y combinatoria, que siguen el camino de los caligramas de Apollinaire, la poesía concreta de José Juan Tablada y Haroldo de Campos, el ready-made, el arte cinético, el libro-objeto surrealista y el diseño gráfico contemporáneo.

La composición de su obra poética y su puesta en página en ediciones especiales se realizó en una estrecha colaboración con editores, tipógrafos y diseñadores. Esa relación, respetuosa pero al mismo tiempo intransigente, tenía el propósito de reflejar en su forma experimental los procedimientos poéticos innovadores.

Enrico Mario Santí recopila en Blanco/Archivo Blanco (1995) la correspondencia de Octavio Paz con Joaquín Díez-Canedo —el primer editor de Blanco—, Vicente Rojo, Emir Rodríguez Monegal y otros. En esas cartas a sus colaboradores pueden leerse bocetos e indicaciones precisas de cómo debía editarse su proyecto poético y resolverse sus problemas de diseño editorial.

Por ejemplo, en una carta a Díez-Canedo es posible seguir su proceso de configuración:

[…] Pensé primero que podría imprimirse en un largo pliego enrollado, a la manera de los libros cilíndricos de los antiguos chinos, pero la lectura resultaría engorrosa, la distribución difícil, etc. Otra solución es darle la forma de esos acordeones que usan (o usaban) los estudiantes el día de los exámenes. El texto se imprimiría en una tira de papel bastante consistente, doblada luego en partes iguales. La tira-acordeón iría encerrada en una caja-libro o, mejor, cubierta por una encuadernación semejante a las de los libros de estampas japonesas. Podrían hacerse 500 ejemplares o tal vez menos. Entre páginas en blanco (numerosas pero no demasiadas), el texto, una nota, dos epígrafes, títulos, colofón, etc., el total no sería mayor de unas 24 hojas (rectangulares y más bien larguiruchas). La impresión se haría sólo en una cara. El libro no llevaría ilustraciones, En cambio se emplearían tipos de varios tamaños (versalitas, redondas, negrillas, itálicas, etc.) y en ciertas partes la impresión sería a dos tintas, negra y roja. Por último, quizá la portada podría llevar una ilustración (no figurativa y más bien severa) […]. [12 de octubre de 1966].[2]

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Seis meses después, pormenoriza el proyecto al mismo Díez-Canedo:

[…] Lo de Blanco me sigue preocupando. Te envío ahora un nuevo proyecto. Tal vez sea más fácil de realizar que el anterior aunque también presentará, creo, pequeños problemas. Te propongo que, conservando la encuadernación normal, la impresión del texto no se haga como de costumbre [aquí incluye un boceto pequeño de un emplane con una caja tipográfica normal, figura 1] sino así [y dibuja otro boceto de un emplane donde el margen del lomo interrumpe las líneas de texto, y los márgenes de cabeza y de pie ocupan los márgenes de corte, figura 2].

Este nuevo proyecto tiende a lo mismo que el otro: a) disponer de una página más grande (o, más bien: disponer como unidad, de una página doble); b) dar la sensación de cierta unidad, como al desenrollar un libro de estampas chino o japonés.

Por lo que toca a la forma: el libro podría ser muy alargado, como en mi modelo [dibuja aquí un rectángulo apaisado, figura 3], lo cual es más bonito pero reduce demasiado la longitud de la doble página, aumenta el ancho y quizá impide jugar más con el espacio en blanco —o bien escoger una forma más cuadrada [boceta aquí un cuadrado, figura 4]. Tú decidirás. […] debemos cuidar que la encuadernación se haga de tal modo que permita abrir completamente el libro […]. [12 de abril de 1967].[3]

El mismo mes Octavio Paz le escribe al uruguayo Emir Rodríguez Monegal sus instrucciones para publicar un adelanto del poema Blanco en la revista de cultura literaria Mundo Nuevo, editada en París:

[…] Le ruego encarecidamente respetar y seguir cuidadosamente la disposición tipográfica del poema. […] Como las páginas de Mundo Nuevo son bastante grandes, se prestan para una composición aireada, con tipos grandes y espacios generosos. Pero he notado, perdóneme la franqueza, que ustedes imprimen en tipo muy pequeño, con poco espacio interlinear y casi nunca en el centro de la página. En el caso de mi poema, le suplico que la primera parte se coloque precisamente en el centro y que los caracteres sean grandes y el espacio entre línea y línea ligeramente mayor, proporcionalmente, al que normalmente corresponde al tamaño de los caracteres. El tipo: versalitas. La segunda parte, compuesta de dos columnas, deberá ir en un tipo más pequeño que la primera parte y la composición debe ser más apretada —como un bloque de escritura. La columna de la izquierda (tinta negra en el original) debe ir en redondas; la de la derecha (tinta roja en el original) debe ir en negritas. La línea final, otra vez en el centro, debe ir en itálicas. A continuación le ofrezco un esquema grosero de las páginas: la primera, el comienzo del poema; y la segunda, la página en que se une la primera parte y la segunda: [y añade un esquema de las páginas] […]. Si usted lee el poema verá que no se trata de caprichos tipográficos. […]. [Subrayados de Octavio Paz, 19 de abril de 1967] [figuras 5-10]. [4]

 

 

3. Discos visuales

El valor de un cuadro, un poema o cualquiera otra creación de arte se mide por los signos que nos revela y por las posibilidades de combinarlos que contiene. Una obra es una máquina de significar.

Octavio Paz, Marcel Duchamp o el castillo de la pureza.

Blanco es un libro diseñado completamente por Octavio Paz. Discos visuales y Topoemas son otros libros diseñados por él, pero en este caso, también son fruto de su complicidad con Vicente Rojo;[5]son obras compartidas.[6]

En el catálogo Alas de papel, el diseñador Vicente Rojo muestra “las correspondencias o complicidades entre letra e imagen: leer imágenes, ver la escritura, en un diálogo de ida y vuelta”.[7]

Al ver reunidas por primera vez estas obras compartidas me doy cuenta de que más que tratar de ser un pintor o escultor o diseñador gráfico de nuestros días, lo que en verdad me hubiera gustado es haber sido un anónimo iluminador de manuscritos románicos, aislado en alguna remota montaña europea, o un tlacuilo dibujante y escritor (que entonces eran lo mismo) de códices prehispánicos, oculto en la selva o en los llanos de lo que más tarde se llamaría México.[8]

Sin embargo él también ha precisado los alcances de su colaboración con el poeta:

Octavio [Paz] había hecho Blanco con un diseño suyo; la primera edición se publicó en Joaquín Mortiz. Con Joaquín Díez Canedo hicimos el acomodo tipográfico, pero no lo firmamos. Fue un trabajo hecho con las indicaciones de Octavio.

Igual sucedió en mi caso con otro proyecto con Octavio que se llamó Topoemas (1971), que eran unos dibujos que había hecho y sugirió que yo los pusiera, digamos, en limpio. Mi participación fue mínima, por tanto, no están ni en el libro ni en la exposición.

—¿Cómo trabajó el libro Discos visuales?

—No voy a decir que tenía muy leída la obra de Octavio, porque creo que los libros y las poesías nunca se acaban de leer bien. Me intrigó el interés que él había puesto en ese momento en la poesía visual.

Ya que Paz estaba en la India y Rojo en México, Discos visuales se convirtió en un trabajo por correspondencia, hecho que le daba un carácter especial, porque “muchas de las ideas de Octavio quedaron por escrito. Tenía muy claro lo que quería hacer”.[9]

Con los Discos visuales el poeta transforma las condiciones físicas en que se transmite un poema, transforma la página y libera la escritura: la circularidad es material. La obra estaba contenida en un álbum de cuatro discos, cada uno formado por dos cartones unidos por el centro que giraban uno sobre otro. En el superior unas ventanas permitían atisbar las palabras impresas en el interior, así como números y flechas que en otras aberturas guiaban el movimiento y sentido de la lectura. Afirma Enrique Pezzoni:

El juego que nos proponen los Discos visuales es, en definitiva, un modelo del mundo. Alejado de la filosofía, de la religión, de la ciencia, ese modelo no busca la admonición ni la aprobación. Sólo se propone conocerse a sí mismo.[10]

El poeta describió minuciosamente a Vicente Rojo su concepto de diseño de los Discos visuales:

[…] En cierto modo se trata de una variante del poema-objeto de los surrealistas […]. Podría decirte que esos poemas-objetos son al futuro film de Blanco lo que la linterna mágica es al cine. Otra característica que los distingue tanto de la poesía concreta y del surrealismo como del cine: la intervención, así sea mínima, del lector. Para leer, el lector tiene que poner en movimiento un aparato muy simple, un verdadero juguete. Me explico: mi idea es editar pequeños objetos circulares formados por los discos. El disco superior está provisto de dos o más ventanas o aberturas; el disco inferior contiene el texto impreso. Al hacer girar el disco superior aparece, por la ventana, un fragmento del texto impreso en el disco inferior; otro giro deja aparecer otro fragmento y así sucesivamente. El texto, por supuesto, debe ser muy corto. La idea se me ocurrió al ver el anuncio de la twa hace dos años. Te envío con esta carta el modelo. Es más claro que todas mis explicaciones.

Se me ha ocurrido que podríamos hacer un álbum con cuatro poemas. Para evitar todo equívoco, lo llamaríamos Discos visuales.

Además del modelo de TWA, te envío con esta carta: el texto de los cuatro poemas; un pliego de sugestiones y explicaciones; muchos diagramas con distintas soluciones que tú puedes, naturalmente, modificar o sustituir por otras […] [Nueva Delhi, 6 de marzo de 1968].[11]

En el catálogo citado pueden apreciarse los detalles de esas propuestas y las sugestiones de Paz.[12] [Figuras 11-15].

4. Topoemas

En Topoemas (= Topos+poemas), Octavio Paz diseña una poesía espacial. Los considera signos, en el sentido etimológico de “señales celestes, constelaciones”. Así, los breves Topoemas crean constelaciones semánticas.

Recientemente se han podido conocer los diseños originales de Topoemas, como fueron publicados por primera vez en la Revista de la Universidad de México y que revelan una vez más la capacidad proyectual de Octavio Paz. El autor configura en forma minuciosa seis poemas concretos que descubrieron en su momento, y aún ahora, nuevas relaciones entre el diseño y la poesía.

En sus Recomendaciones para la impresión de los Topoemas, el poeta nuevamente escribe indicaciones precisas de cómo debía editarse su proyecto, por ejemplo:

1. Los Topoemas aparecerán en forma de suplemento, tal como fue publicada la entrevista que me hizo Carlos Monsiváis. Sin embargo, el papel debe ser blanco, no brillante y de una consistencia más gruesa que las de las otras páginas de la Revista […].

2. Página I. Nombre, título y sumario. Ustedes escogerán la tipografía más adecuada. [La editorial Era finalmente utilizó la conocida fuente egipcia de Imprenta Madero].

3. Página II. Palma del viajero. Mi dibujo es muy imperfecto y sería mejor que alguien lo rehiciese. Por ejemplo: Vicente Rojo. Les ruego tener en cuenta la intención de la composición: la palabra viajero a la sombra de la palabra palma, cuyo tronco es la palabra del. La línea horizontal ondulada de abajo significa los accidentes del terreno. De ninguna manera se usarán tipos de imprenta. [Aquí es posible que Vicente Rojo haya convencido a Octavio Paz de aceptar su composición en Bodoni negra, normal y condensada, y dibujar una delgada línea irregular de medio punto].

4. Página III. Parábola del movimiento. Utilizar tipos de imprenta (versalitas) finos y bastante espaciados. La composición debe ocupar la parte central de la página, de modo que los extremos inferior y superior queden en blanco. Conservar el ritmo: el primer ¿De dónde vienes? parece salir de la línea negra (muy negra) que corta la página en su margen izquierdo; el último A donde voy parece irse de la página.

5. Página IV. Nagarjuna. Sacar un cliché de mi manuscrito y cuidar que la página conserve la intención: ritmo descendente de Niego y de dispersión de Ni/Ego.

6. Página V. Ideograma de libertad. La misma recomendación que en la página iv. En ambos casos deben hacerse clichés de mis originales.

7. Página VI. Monumento reversible. Utilizar, como en la página III, tipos de imprenta. La línea horizontal que divide la página, gruesa y muy negra; las otras, más delgadas. La composición debe ocupar toda la página, sin márgenes. Conservar el ritmo ascendente y descendente de las letras que suben y bajan a lo largo de las líneas. Las palabras del centro (Monumento reversible/Al tiempo irreversible) más pesadas, estáticas y verticales. Se observará que falta una palabra a lo largo de una de las líneas: no es un olvido.

8. Página VII. Cifra. Aquí también pueden usarse tipos de imprenta como en las páginas III y VI. Los caracteres deben ser pesados, solemnes (¿Bodoni?). Conservar el contraste entre las otras letras y las dos c centrales: mayúsculas, muy pesadas, negras y pegadas: [Aquí Paz garabatea dos letras C, fuste con fuste, para formar una especie de X] […]. [Subrayados de Octavio Paz, 20 de marzo de 1968?].[13] [Figuras 16-20].

Los textos y dibujos originales de Topoemas —publicados en la revista Rosa Cúbica— incluyen también el “Comentario” que explica los ideogramas poéticos, así como minúsculas notas manuscritas del autor o del tipógrafo (“10 Bodoni a 23 picas”).

A pesar del transcurso del tiempo, a los Topoemas los acoge “una corriente suficientemente fundada” que se “prolonga en la poesía concreta, la visual, neográfica y experimental, en el libro-objeto, el arte-correo […]. Los Topoemas son compactos, resistentes […]. Son el hipertexto […].”[14]

En suma, Blanco, Discos visuales y Topoemas muestran que Octavio Paz no sólo fue un ensayista y poeta con una abundante obra publicada, sino que a lo largo de su vida mantuvo una relación profesional con diseñadores y editores, de igual a igual. Como diseñador no sólo utilizó el lenguaje y las convenciones de la tradición tipográfica, sino que concebía sus publicaciones tomando en cuenta todos los aspectos de cuidado editorial, de impresión y acabados, hasta lograr un producto de calidad, bien diseñado.

5. Paréntesis disciplinario

Lo que hace a los malos poetas más malos aún es que sólo leen a poetas (así como los malos filósofos sólo leen a filósofos), cuando sacarían gran provecho de un libro de botánica o de geología. Sólo hay enriquecimiento cuando se frecuentan disciplinas alejadas de la propia. Es claro que esto únicamente es válido en los dominios donde el yo hace estragos.

Émile Michel Cioran, Del inconveniente de haber nacido.

De lo anterior, sin embargo, pueden plantearse otras interrogantes: ¿es Octavio Paz un diseñador?, ¿las obras citadas son arte poética, obra plástica o diseño tipográfico?, ¿se trata de metagrafos —figuras que afectan la forma gráfica del lenguaje poético sin afectar sustancialmente los fonemas—, como afirma la retórica clásica?,[15] etcétera.

Resolver estas cuestiones implica reconocer una complejidad que demanda la acción simultánea de diversos especialistas para descifrarla y “una conciencia clara de lo que cada disciplina puede y debe aportar”.[16] Las modalidades y grados de integración de esas disciplinas que concurren a resolver un problema implican necesariamente su existencia autónoma.

Para el diseño como disciplina autónoma, afirma Luis Rodríguez:

Parece un juego de palabras, pero la interdisciplina implica, en primera instancia la existencia de disciplinas. La implicación de esta afirmación es que debemos hacer un esfuerzo para desarrollar una teoría sólida del diseño, pues éste es un prerrequisito para formar una disciplina.

De frente a los rápidos cambios que se están dando, la magnitud de los problemas y su novedad, la teoría del diseño deberá concentrarse en su centro, no en sus límites, y explicar ese centro desde diversas disciplinas.[17]

Esta paradoja atribuible al diseño —y tal vez en menor grado a otras disciplinas— ha llamado la atención de Norberto Chaves, quien afirma:

La crítica axiológica al diseño ya no puede, entonces, ser una crítica interna, pues ésta carece de una tabla de valores estables y unitarios. La crítica al diseño sólo puede asumirse desde paradigmas culturales (éticos, estéticos, económicos, sociales, políticos, etc.) externos a la disciplina y necesariamente relativos.

Gran parte del actual silencio crítico en el seno del diseño proviene de esta situación estructural: para criticar al diseño hoy hay que salirse de él. Y muy pocos profesionales saben o se atreven a hacerlo. [18]

Así, en los ámbitos de la educación superior o la práctica profesional de los diseños, lo interdisciplinario no sólo debe convertirse en un propósito declarado en sus programas de estudios y perfiles de egreso, sino que “debe apelar a repertorios de valores que no encontrará en un supuesto estatuto o declaración universal de la disciplina”.[19]

La inter-poli-trans-disciplina se enfrenta así a la hiper-disciplina que contiene ese “espíritu de propietario que prohíbe cualquier incursión ajena en su parcela de poder”.[20]

Edgar Morin nos recuerda el origen del vocablo disciplina:

[…] en su origen la palabra «disciplina» designaba un pequeño látigo que servía para autoflagelarse, permitiendo, pues, la autocrítica; en su sentido degradado, la disciplina se convierte en un medio para flagelar a aquel que se aventura en el dominio de las ideas que el especialista considera como propiedad suya.[21]

Esta doble significación de las disciplinas tal vez pueda explicar, aparte de su origen socio-histórico, el por qué las escuelas, facultades o universidades ubican al diseño en las áreas de humanidades, o las ingenierías, o como sucedáneo de las arquitecturas o las artes aplicadas, y en pocos casos en su propio ámbito de conocimientos.

Queda claro también que el riesgo de la hiperespecialización es un obstáculo para la comprensión del mundo.

6. Diseño e interdisciplina

La página es escritura; la escritura, espacio. El poema cambia de significados a medida que cambia la posición de sus elementos: palabras, frases y blancos. En rotación constante, en busca perpetua de su significado final, sin alcanzarlo jamás del todo, el poema es un mecanismo de transformación como las células y los átomos.

Octavio Paz, Corriente alterna.

Nuestra anécdota inicial no sólo expuso una relación posible entre el diseño y la poesía, como uno de los dominios de articulación y de apertura entre disciplinas, sino que puede ejemplificar para algunos esa mirada ingenua del aficionado, ajeno a la literatura, pero que pone atención a un aspecto que permanecía invisible en el seno de esa disciplina.

Las intromisiones, migraciones, transferencias, contactos o invasiones interdisciplinarias son el antídoto contra la parcelación del conocimiento. El transporte de esquemas cognitivos de una disciplina a otra, entonces, es fundamental para su desarrollo.

Las relaciones epistemológicas del diseño son amplias y abiertas. Van hacia el interior de la disciplina, como en el caso de la teoría del diseño, la teoría de la imagen, la comunicación visual, la teoría del color, la historia del diseño, etcétera, o hacia fuera de ella, como la arquitectura, las artes plásticas, la antropología, la comunicación, la economía, la filosofía, la lingüística, la pedagogía, la psicología, la semiótica y la sociología, pasando por las matemáticas, la administración, el derecho, la biología, la física y la literatura.[22]

Pero Howard Gardner nos previene:

Que nadie me malinterprete: está claro que para estudiar ciencia, historia o literatura hace falta información. Pero, despojados de su mutua conexión, de los temas subyacentes y de una forma disciplinada de concebirlos, los hechos no son más que conocimiento “inerte” [subrayado nuestro].[23]

Así, la formación de una mentalidad disciplinada en diseño se realiza mediante la identificación de intereses compartidos y de conceptos verdaderamente importantes; al dedicar a estos temas el tiempo necesario; al demostrar formas de pensar como diseñadores; al abordar los temas o problemas de varias maneras; al realizar con éxito las tareas del diseñador y certificarlas mediante una retroalimentación útil y oportuna que demuestre su comprensión. Cada institución educativa o colegio de profesionales plantea en sus propósitos fundamentales algunos o todos estos aspectos de la formación profesional de los diseñadores.

Además de esas relaciones epistemológicas, otros factores que favorecen la interdisciplina en la enseñanza-aprendizaje y en la vida profesional del diseño son los espaciales (universidades, centros de desarrollo de productos, empresas); los temporales (sincrónica, diacrónica); los económicos (actividades productivas; pequeña, mediana y gran industria; servicios culturales, educativos, turísticos, de salud, etcétera); los demográficos (matrícula escolar, colegios y asociaciones locales, estatales, regionales, etcétera); e incluso las disputas y rivalidades entre disciplinas (diseñadores, arquitectos, artistas plásticos, publicistas, comunicólogos, creativos, etcétera) o la necesidad de prestigio y el desarrollo de la disciplina.

7. Diálogo del pensamiento

Todas las obras que realmente cuentan en lo que va del siglo, sea en la literatura, la música o la pintura, obedecen a una inspiración análoga. No el círculo en torno a un centro fijo ni la línea recta: una dualidad errante que se dispersa y se contrae, una y mil, siempre dos y siempre juntos y opuestos, relación que no se resuelve ni en unidad ni en separación, significado que se destruye y renace en su contrario, una forma que se busca.

Octavio Paz, Corriente alterna.

Para favorecer la interdisciplina, Howard Gardner[24] propone desde su perspectiva de las “inteligencias múltiples” ofrecer:

• Vías de acceso eficaces a las problemáticas y tópicos de estudio;

• Analogías apropiadas y pertinentes para comprender mejor;

• Múltiples representaciones de las ideas esenciales de un tema o problema.

Así, en el caso del diseño, las vías de acceso pueden ser narrativas, numéricas, lógicas, existenciales/esenciales, “prácticas” y por supuesto, estéticas.

Las analogías, por ejemplo, son comparaciones adecuadas, ejemplos deducidos de otros ámbitos de la experiencia del diseñador. Las metáforas, analogías o símiles son posibles en distintos campos del pensamiento humano y pueden ser útiles para desarrollar la disciplina, pero está latente la sospecha de que en muchos casos puedan “ocultar las debilidades de una teoría más vaga”.[25]

Precisamente, es en el punto de las representaciones múltiples de ideas esenciales donde los diseñadores tienen una ventaja disciplinar, si comprenden la tarea de fundamentar su manera de transmitir las características decisivas de un tema, una idea, un fenómeno o problema.[26]

La educación provee al diseñador de múltiples habilidades de expresión y representación, que pone en juego con los recursos de la composición, la configuración y la estrategia, la síntesis formal mediadora entre disciplinas, además de la humanización de soluciones técnicas.[27]

Además de la capacidad de síntesis formal mediadora, la estrategia cognitiva más requerida a los diseñadores es la formación de conceptos, la concepción que dice Edgar Morin:

La concepción transforma lo conocido en concebido, es decir en pensado.

En la idea de concepción se puede encontrar:

— La idea de engendramiento o de procreación;

— La idea de formación de concepto;

— La idea reciente, aunque pertinente, de diseño, es decir configuración original que constituye un modelo para conjuntos, u objetos nuevos. [28]

Y continúa más adelante:

La concepción […] combina la aptitud para formar imágenes mentales con las aptitudes para producir imágenes materiales (dibujos, planos de arquitectos, maquetas de ingeniero, modelos reducidos); utiliza las palabras, ideas, conceptos, teorías; utiliza el juicio (evaluación, elección de los elementos y del modo de organización); utiliza la imaginación y las diversas estrategias de la inteligencia. Lo que genera la concepción es el pleno empleo de la dialógica [subrayado nuestro] pensante, concepción que genera este pleno empleo.[29]

Esta dialógica es una dialéctica compleja que asocia instancias necesarias, conjuntamente necesarias para la existencia, el funcionamiento y el desarrollo de un fenómeno organizado,[30] en un diálogo que elabora, organiza y desarrolla en la concepción múltiples competencias especulativas, prácticas y técnicas.

Basados en la propuesta de Edgar Morin podemos ubicar al diseño en su carácter mediador —y tal vez a otras disciplinas del conocimiento— precisamente en esa frontera que se encabalga, interfiere o enmaraña mutuamente en el diálogo del pensamiento.[31] [Figura 21].

Necesariamente incompleto, el esquema permite ubicar al diseño y a otras disciplinas en el centro de ese diálogo ininterrumpido o en sus límites. Esas transferencias o migraciones de sus centros a sus extremos hacen a las disciplinas iguales en la transdisciplina.

Otra forma de integración disciplinaria es la propuesta por Humberto Chávez Mayol, quien considera tres marcos sistémicos y sus correspondientes estrategias cognitivas, fundamentales para la formación transdisciplinar, especialmente en la educación artística:

1. El pensamiento complejo como fundamento epistémico que nos permite ubicar y desplazar las estructuras tradicionales en la construcción del conocimiento.

2. Las nuevas aproximaciones semióticas como sistema organizador que puede constituir un modelo transdisciplinario.

3. La propuesta constructiva de enseñanza aprendizaje como modelo educativo de relativización de valores culturales que pueden integrar la vivencia del sujeto (tanto alumno como maestro) como espacio de creación.[32]

Integración, organización y creatividad son los niveles de las estrategias reflexivas que pueden ayudar a conectar la fragmentación del conocimiento; a sensibilizar con instrumentos metodológicos de interpretación y argumentación abductiva, y favorecer “la capacidad de los individuos para organizar, construir e inventar formas de apropiación interdisciplinaria”.[33]

Finalmente, el valor intelectual de una intervención transdisciplinaria “depende de su contenido, no de la identidad de quien lo hace, y mucho menos de sus títulos”.[34]

8. ¿Octavio Paz, diseñador?

Nuestro relato concluye con las vicisitudes de Blanco, que Octavio Paz publicó por primera vez en la editorial Joaquín Mortiz. En mayo de 1967 le escribe al editor Díez-Canedo:

Creo que Vicente Rojo podrá hacer la edición de Blanco tal como yo la he pensado —y aún mejor.* No sé si sea mejor la forma “apachada” que tú dices o la que yo sugerí al principio, es decir, de “acordeón”. Yo prefiero esta última pero ustedes decidirán. Lo que me interesa es que los blancos desempeñen un papel dentro de la composición tipográfica… […].

*Admiro mucho tanto su obra de pintor como sus invenciones tipográficas.

[25 de mayo de 1967].

En marzo del año siguiente le escribe directamente al maestro Vicente Rojo, para comunicarle otro proyecto de colaboración, en los siguientes términos:

[…] Nuestras búsquedas se cruzan. Creo que juntos podríamos hacer de veras algo importante. Y paso a contarte mi idea.

Empiezo por los antecedentes. Desde hace mucho tiempo me preocupan las relaciones entre sonido, plástica y palabra. A esta preocupación, que no es únicamente estética, responde, entre otras cosas mías, Blanco; de ahí mi interés en la versión fílmica, que concibo como una proyección del libro (y del acto de leerlo) en la pantalla. Esa película combinaría en forma dinámica las letras, la palabra hablada, las sensaciones visuales y auditivas y los diferentes sentidos […]. Al leer un poema, oímos el verso que vemos; esta operación, pero en sentido contrario, por decirlo así se realizaría al proyectar el poema en la pantalla. La película combinaría, objetivamente, la lectura y la audición, la palabra escrita y la hablada. A veces las letras aparecerían en la pantalla pero en movimiento o sobre un fondo movible y de colores cambiantes; otras, sobre la pantalla vacía aparecerían sólo colores y formas abstractas y el espectador oiría las palabras sin ver el texto […]. [6 de marzo de 1968].

El proyecto multimedia no llegó a realizarse entonces, pero existe el guión elaborado por Octavio Paz en unas Indicaciones escénicas/Proyecto de espectáculo (1971) que el poeta le envió al dramaturgo José Luis Ibáñez, quien, junto con Vicente Rojo, había colaborado con él. Enrico Mario Santí da noticia de todos estos pormenores en su “Salida/Esto no es un poema” de Blanco/Archivo Blanco y la Nota al lector que acompañan la reedición facsimilar de esa obra, bajo la responsabilidad de Diego García Elío.[35]

El mismo Enrico Mario Santí impartió en fecha reciente una conferencia[36] con motivo de los 40 años de la aparición de Blanco y la exhibición de cartas, bocetos y publicaciones originales en conmemoración del poeta en el Museo de Arte Moderno. El estudioso de la obra de Paz puso al día su interpretación del poema, así como de la proyección en video del antiguo proyecto.[37] Con imágenes seleccionadas por el poeta —diagramas tántricos en zoom, texturas, colores, formas abstractas, espacio vacío, tipografías translúcidas de los versos—, breves interludios musicales de la India, y la lectura en voz alta realizada por Paz mismo, por Eduardo Lizalde y por Guillermo Sheridan, pudo apreciarse una fugaz experiencia visual de Blanco: una secuencia del Anima Mundi hasta la palabra Fin, figuras oblicuas que nunca ilustran al poema.

También, en fecha cercana, se han exhibido en el Centro Cultural de España[38] los originales de la obra compartida de Vicente Rojo, Alas de papel. Ambas exposiciones no hacen sino confirmar el interés por mostrar una obra persistente, que desde la perspectiva de la tipografía nos entrega la “doble fórmula de independencia y contigüidad” disciplinarias.

La biografía del poeta registra su participación en innumerables proyectos editoriales: en revistas (entre otras: Barandal, Alcancía, Taller, El Hijo Pródigo, Revista de la Universidad, La Palabra y el Hombre, los primeros 58 números de Plural, y Vuelta, hasta su muerte), periódicos (El Popular) y suplementos (México en la Cultura, La Cultura en México, Sábado, La Jornada Semanal), así como propuestas para exposiciones, cine y teatro. Editor él mismo, Octavio Paz tuvo oportunidad de redactar, corregir y dirigirlos.[39] Como diseñador buscó siempre desarrollar esas representaciones múltiples de ideas esenciales, que se aglutinan hoy en día en la complejidad de la cultura contemporánea de México, en su poesía, su lucidez, su imaginación y su diseño.

Estas notas han pretendido vislumbrar algunos aspectos de la relación entre poesía visual y tipografía, y plantean más dudas que certezas. También han intentado ejemplificar cómo la interdisciplina puede fundarse sólo a partir de problemas concretos —no basta convivir en un mismo campus—, y no consiste en yuxtaponer disciplinas que no tienen una relación aparente o en transferir métodos de una a otra.

9. Epílogo

Se trata de comprender al “mundo presente desde el imperativo de la unidad del conocimiento”[40], como el antídoto eficaz contra el conocimiento indolente.

Queda a los pacientes lectores continuar con la indagación, y quedan las preguntas: ¿Podemos considerar a Octavio Paz un diseñador? ¿Los diseñadores aceptarían al ilustre poeta entre sus colegas? ¿El poeta se consideraba a sí mismo un editor tipógrafo? ¿El conocimiento del diseño favorece la conexión de los fragmentos de la realidad? ¿La formación transdisciplinar es responsabilidad exclusiva de las escuelas y universidades? ¿Es la transdisciplina el antídoto eficaz contra el conocimiento indolente?

Como a veces sucede, son los creadores como Octavio Paz quienes con su obra reflejan una nueva mirada a la imagen del universo, el diálogo del pensamiento en su “constante copulación divina”,[41] la totalidad de fragmentos, en este caso sus poemas-objeto, poemas-signo: Custodia y Hermandad:

Hermandad

Homenaje a Claudio Ptolomeo

Soy hombre: duro poco

Y es enorme la noche.

Pero miro hacia arriba:

las estrellas escriben.

Sin entender comprendo:

También soy escritura

y en este mismo instante

alguien me deletrea.[42]

Octavio Paz.

Bibliografía

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[1] PELLIZZI, Francesco (1999). “In-disciplined: res, ‘Aesthetics’ and Warburg’s Wunderkammer”, en (In)disciplinas. Estética e historia del arte en el cruce de los discursos. México: UNAM, XXII Coloquio Internacional de Historia del Arte, Instituto de Investigaciones Estéticas, p.130.

[2] PAZ, Octavio (1995). ‘A Joaquín Díez-Canedo’ de “Cartas con editores”, en: Santí, Enrico Mario, Blanco/Archivo Blanco. México: El Equilibrista/El Colegio Nacional, p. 85-86.

[3] PAZ, op. cit., p. 91-92.

[4] PAZ, op. cit., p. 93-94.

[5] ROJO, Vicente (1990). Vicente Rojo. Cuarenta años de diseño gráfico. México: Era/Trama Visual, p. 54.

[6] ROJO, Vicente (2005). Alas de papel. México: Era/El Colegio Nacional.

[7] ROJO, Vicente (2005). “Puntos suspensivos”, en: Alas de papel. México: Era/El Colegio Nacional, p. 9.

[8] Idem

[9] MACMASTERS, Merry (2006). “Mostrará Vicente Rojo su obra compartida con poetas y escritores”, en: La Jornada. Sábado 1º de abril.

[10] PEZZONI, Enrique (1974). “Discos visuales”, en: Flores, Ángel. Aproximaciones a Octavio Paz. México: Joaquín Mortiz, p. 262.

[11] PAZ, Octavio. “Discos visuales”, en Rojo, op. cit., p. 29.

[12] Rojo, op.cit., p. 28-33.

[13] PAZ, Octavio (2002-2003). “Topoemas”, en: Rosa Cúbica/Revista de poesía: la x en la frente. Barcelona: núm. 23-24, invierno, p. 189-207.

[14] LÓPEZ Parada, Esperanza (2002-2003). “La condición de lo visible: el poema como gesto”, en: Rosa Cúbica, op.cit., p. 208-215

[15] GORDON, Samuel (s/f). “Estéticas de la brevedad”, en: Fractal/Revista trimestral,

http://www.fractal.com.mx/F30gordon.html, última con­sulta en enero de 2008.

[16] RODRÍGUEZ Morales, Luis (2004). “Qué es el diseño”, en: Diseño, estrategia y táctica. México: Siglo XXI, p. 60.

[17] Idem.

[18] CHAVES, Norberto (2001). “Integración socioeconómica y disolución disciplinar del diseño”, en: El oficio de diseñar. Propuestas a la conciencia crítica de los que comienzan. Barcelona: Gustavo Gili, p. 174.

[19] Idem.

[20] MORIN, Edgar (2002). “Inter-poli-trans-disciplinariedad”, en: La mente bien ordenada. Barcelona: Seix Barral, p. 148.

[21] Idem

[22] VILCHIS, Luz del Carmen (1999). “Dimensión cognoscitiva del diseño”, en: Diseño. Universo de conocimiento. Investigación de proyectos en la comunicación gráfica. México: Claves Latinoamericanas, p. 70-101.

[23] GARDNER, Howard (2005). “La mente disciplinada”, en: Las cinco mentes del futuro. Un ensayo educativo. Barcelona: Paidós, p. 23-40.

[24] GARDNER, Howard (2000). “Las ‘inteligencias múltiples’ y la enseñanza para la comprensión”, en: La educación de la mente y el conocimiento de las disciplinas. Barcelona: Paidós, p. 213-242.

[25] SOKAL, Alan y Jean BRICMONT (1999). Imposturas intelectuales. Barcelona: Paidós, p. 28.

[26] Gardner, op. cit., p. 231.

[27] RODRÍGUEZ Morales, op. cit., p. 57.

[28] MORIN, Edgar (1999). ‘La concepción’, en: “Inteligencia/pensamiento/conciencia”, en: El Método III. El conocimiento del conocimiento. Madrid: Cátedra, p. 202.

[29] MORIN, op. cit.

[30] MORIN, Edgar (1999). ‘El principio dialógico’, en: “La máquina hipercompleja”, en: El Método III. El conocimiento del conocimiento. Madrid: Cátedra, p. 109.

[31] MORIN, op. cit., ‘La dialógica pensante’, p. 199.

[32] CHÁVEZ Mayol, Humberto (2004). “Complejidad, arte y signo: una metodología interdisciplinaria”, en Interdisciplina, escuela y arte. México: Conaculta-Cenart, tomo I, p. 154.

[33] CHÁVEZ Mayol, op. cit., p. 160.

[34] SOKAL, op. cit, p. 29.

[35] GARCÍA ELÍO, Diego (1995). “Explicación”, en Blanco. México: El Colegio Nacional, p. 14. Presentación en El Colegio Nacional el 6 de abril de 1995.

[36] SANTÍ, Enrico Mario (2006). “La mirada sagrada: la poesía visual de Octavio Paz”, grabación, 31 de marzo de 2006.

[37] Blanco, concepto visual de Octavio Paz, 18 minutos, México, 1993. El video fue presentado

por primera vez el 6 de abril de 1995 y no se había proyectado en público hasta la conferencia citada.

[38] “Vicente Rojo: Alas de papel, obra compartida”, Centro Cultural de España, abril de 2006.

[39] PAZ, Octavio (2005). “Carta del 28 de marzo de 1970”, en: Paz, Octavio y Arnaldo Orfila. Cartas cruzadas. México: Siglo XXI, p. 243. Refiriéndose a otro libro —Posdata—, escribe: “Le envío las correcciones a las erratas que he logrado advertir. No se fíe mucho de mí: soy un pésimo corrector de pruebas”.

[40] CHÁVEZ Mayol, op. cit, p. 149.

[41] ULACIA, Manuel (1999). El árbol milenario. Un recorrido por la obra de Octavio Paz. Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, p. 292.

[42] PAZ, Octavio (1987). Árbol adentro. México: Seix Barral, p. 37.

 

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