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Encuadre | 17 diciembre, 2017

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Por un diseño incluyente: El papel del diseño ante las necesidades de las personas con discapacidad

Por un diseño incluyente:  El papel del diseño ante las necesidades de las personas con discapacidad
Encuadre

 

Resumen

Por un diseño incluyente:

El papel del diseño ante las necesidades de las personas con discapacidad

Gloria Angélica Martínez de la Peña

Estudiante del doctorado en Ciencias y Artes para el Diseño Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco

La sociedad exige al diseñador una elevada responsabilidad moral y social. Exige también una mayor comprensión de la gente.

Victor Papanek

Este artículo parte de la relación entre diseño y cultura como marco para hacer una breve revisión histórica de la manera en que se ha abordado en las últimas décadas el problema de la discapacidad y el concepto de igualdad; luego describe la profunda relación que guardan estos problemas con la disciplina del diseño y analiza los componentes de la propuesta de diseño universal o diseño para todos, concluyendo que este tipo de diseño puede contribuir efectivamente a la construcción de una sociedad más incluyente. Palabras claves: diseño, cultura, discapacidad, barreras, igualdad, diseño universal, diseño para todos.

Abstract

This text undertakes the relation between design and culture as a frame to briefly review the recent history of the concepts of disability and equality; then, it describes the close relationship amongst these problems and design, and analyzes the components of the Universal Design proposal, concluding that such design can indeed contribute to the construction of a more inclusive society.

Keywords: design, culture, disability, barriers, equality, universal design.

 

Introducción: diseño y cultura

Uno de los objetivos fundamentales de las diferentes prácticas del diseño urbano, industrial, arquitectónico y gráfico, radica en satisfacer necesidades físicas y sociales de las personas, a través de medios artificiales específicos que contribuyan a que el ser humano enfrente las adversidades causadas por el medio que le rodea. El diseño puede ser definido como una actividad teórico-práctica de carácter proyectual que conduce a la elaboración de obras, objetos, espacios e imágenes pertinentes y de calidad, en respuesta siempre a demandas o necesidades de la sociedad.1

Es un proceso en cuyo desarrollo intervienen aspectos de múltiple origen y significación, entre los que destacan los actores sociales, los factores económicos, culturales, políticos, ambientales y los científico-tecnológicos. Estas múltiples cir- cunstancias, siempre interrelacionadas e interdefinidas, determinan que el proceso de diseño esté considerado como un accionar que involucra un alto grado de com- plejidad. Por otra parte, la cultura se puede definir como un conjunto de formas simbólicas, es decir, comportamientos, acciones, objetos y expresiones portadoras de sentido, inmersas en contextos históricamente específicos y socialmente estruc- turados, dentro y por medio de los cuales dichas formas simbólicas son producidas, transmitidas y consumidas.2

La cultura se produce envuelta en dialógicas y disyunciones, que obligan nece- sariamente a considerar las contratendencias, a conservar el interés por la producción de una cultura identitaria, de satisfacción de necesidades genuinas que no sólocorresponden a situaciones de marginación, sino a las colectividades que están en el corazón mismo del huracán de la sociedad de consumo. De acuerdo con las dos definiciones expuestas, podemos entonces relacionar que la cultura dialoga con el diseño y viceversa, en una dialéctica entre sistema y práctica, como una dimensión de la vida social, autónoma respecto de otras dimensiones, tanto en la configuración lógica como espacial. Ambos se interdefinen como sistemas de formas simbólicas que poseen una real aunque débil coherencia, sujeta a interacciones través de la práctica y, por lo tanto, sujetos también a continuas transformaciones.

1. Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco. Consejo Divisional de Ciencias y Artes para el Diseño. Bases conceptuales. México: uam-x, 2001, p. 29.
2. Gilberto Giménez Montiel. Teoría y análisis de la cultura. México: Conaculta/Icocult, 2005.

Uno de los primeros textos escritos con una fuerte llamado a la participación del diseño en el ámbito social de la cultura es sin duda el escrito por Victor Papanek en los años setenta del siglo pasado, titulado Design for the Real World (Diseño para el mundo real).3 Desde la aparición de este texto, muchos han sido los diseñadores que se han esforzado por abrir nuevas líneas de diseño enfocadas a las necesidades sociales, que incluyen a los ancianos, los pobres y a las personas con discapacidad. Esta continua propuesta de incluir el ámbito social dentro del diseño promueve precisamente la inclusión de una práctica profesional diferente y socialmente com- prometida. Una de las características de este modelo de diseño, comparado con el modelo de diseño para productos de mercado, es que posee pocas estructuras, métodos u objetivos, según señalan Victor y Silvia Margolin.4

3. Victor Papanek. Diseñar para el mundo real. Ecología humana y cambio social. Madrid: Hermann Blume, 1977.
4. Victor Margolin y Silvia Margolin. “Un ‘modelo social’ del diseño. Cuestiones de práctica e investigación”, en: Encua- dre, revista de la enseñanza del diseño. México: Encuadre, Asociación Mexicana de Escuelas de Diseño Gráfico, vol. 2,núm. 3:5-9, octubre 2003-abril 2004.

Se podría decir que el objetivo primario de un diseño con características sociales es satisfacer una necesidad humana, y específicamente me refiero a aquellos reque- rimientos de las poblaciones vulnerables, que demandan un especial interés por su especificidad; por ejemplo, las necesidades de los ancianos, de las mujeres embarazadas, de los niños y de las personas con discapacidad.

Para conocer estas especificidades resulta necesario entender la complejidad de cada uno de estos grupos sociales: he de mencionar que ha sido mi particular interés el desarrollar mi investigación enfocada en las personas con discapacidad visual y cómo desde la práctica del diseño gráfico se pueden realizar propuestas que me- joren su autonomía, calidad de vida e independencia. Sin embargo, y para lograr una mayor generalidad en el tema que nos ocupa, relacionaré la práctica del diseño con las necesidades de las personas con discapacidad en general. Resulta pertinente mencionar que este abordaje social de la práctica de un diseño incluyente y social- mente responsable debe hacerse de manera que todos los complejos elementos que lo componen sean considerados junto con sus múltiples determinaciones.

Esto significa que las necesidades de los grupos vulnerables no pueden ser analizadas de manera independiente, porque no se trata de hacer un diseño “especial” o “diferente”, sino todo lo contrario: la propuesta es hacer un diseño incluyente, accesible para todos, que contemple todas las necesidades de los diferentes grupos y las integre de tal manera que el diseño satisfaga las necesidades de la mayoría de la población, aun considerando su propia heterogeneidad.
Algunos elementos indispensables a considerar en la propuesta de un diseño incluyente son, por ejemplo, los aspectos biológicos, temporales, psicológicos, cul- turales, sociales, naturales y los espaciales, donde se incluyen los físicos y los terri- toriales. Básicamente, la propuesta del diseño incluyente o accesible se fundamenta en la perspectiva de los derechos humanos; la accesibilidad se apoya en el derecho a circular libremente, a la recreación, a la información, a la práctica del deporte, al aprovechamiento del tiempo libre y en el derecho a la cultura.

Aunque la accesibilidad es considerada como un bien público que se ha venido consagrando como un derecho ciudadano en las últimas dos décadas, esto no ha garantizado en lo absoluto que se lleve a la práctica. La realidad es que a las personas con discapacidad se les suele negar la oportunidad de participar plenamente en las actividades del sistema sociocultural donde viven. Esto se debe fundamentalmente a que no existe en nuestra sociedad la cultura de la discapacidad; por ejemplo, hay actitudes de rechazo, indiferencia y temor que han prevalecido hacia las personas con alguna discapacidad. Se sabe que en diferentes épocas, y aún en la actualidad, los discapacitados han sido objeto de trato discriminatorio, que va desde atribuirles facultades sobrenaturales hasta querer eliminarlos.

Con frecuencia estas actitudes y hábitos llevan a la supresión de las personas con discapacidad de la vida social y cultural, ya que la gente trata de evitar el contacto y la relación personal con ellas. En resumen, la historia de las personas con discapaci- dad ha sido un largo camino de continuas exclusiones. En muchas sociedades estas personas se han enfrentado a un rechazo constante, fundamentado irracionalmente en la ignorancia, en temores infundados y en la superstición.

Analizando el curso de la historia, se puede argumentar que en el estudio de
la discapacidad durante el siglo xx ha tenido mayor difusión su aspecto médico,
entendido en el sentido de que una persona discapacitada está enferma y necesi-
ta rehabilitarse para ser normal. Esta preponderancia de la visión funcional de la
discapacidad ha hecho que casi todos los esfuerzos de la sociedad giren en torno
a regresarle o brindarle una salud de la que carece, enfoque que también el diseño
ha retomado en muchos casos en sus propuestas diseñísticas. Desde este enfoque,
es evidente que el peso de la discapacidad recae sobre la persona discapacitada, ya
que debe rehabilitarse y esforzarse para ser normal lo más pronto posible; este mo-
delo implica una pérdida de toda su condición humana, ya que las personas con
discapacidad son consideradas como una especie de ciudadanía de “segunda clase”,5
concepto que se ha extendido desde la Edad Media.

Afortunadamente esta perspectiva comenzó a tambalearse, gracias a los cuestionamientos que surgieron a finales de los años sesenta, cuando se desarrolló de mane- ra generalizada (como señala Casullo)6 la conciencia social de una época de cambio en la que lo importante era oponer resistencia y proponer alternativas a las formas de dominación. Fue a partir de esa década que tuvo lugar un replanteamiento en el tratamiento de las discapacidades y las deficiencias, que puso el acento en los condi- cionamientos psicosociales y socioambientales, y, como correlato, en la prevención, la rehabilitación y la inserción comunitaria. Frente a la intervención individualizada tradicional, se hizo más énfasis en un enfoque comunitario que llevara a la desinstitucionalización y a la autoorganización de las personas con discapacidad y de sus familias, quienes se empezaron a constituir en movimientos sociales o en grupos de presión cada vez más activos para defender sus derechos civiles.7

Específicamente en ese momento histórico, el llamado modelo médico de la discapacidad era el paradigma a desafiar por las propias personas con discapacidad. La alternativa fue el surgimiento de un nuevo planteamiento, desde la propia voz de los discapacitados, que tomó como argumento el rescate de sus derechos sustantivos y la búsqueda de una vida diferente e independiente. Fue precisamente entonces cuando, por ejemplo en los Estados Unidos, este grupo social se unió en una lucha por sus derechos civiles desafiando al funcionalismo y al interaccionismo de la propia sociología.

5. M. Sieglar y M. Osmond. Models of Madness: Models of Medicine. Londres: Collier Macmillan, 1974, en: L. Barton (comp.). Discapacidad y sociedad. Madrid : Morata, 1998, p. 36.
6. Nicolás Casullo (comp.). El debate modernidad-posmodernidad. Buenos Aires: Eds. El Cielo por Asalto, 1989.
7. Antonio León Aguado. Historia de las deficiencias. Madrid: Escuela Libre Editorial, 1995.

Barton8 señala que fue precisamente en esa época cuando se comenzó a trabajar con la discapacidad desde una visión alternativa, cuyo objetivo era generar su cons- trucción social a partir de la voz de los propios discapacitados, quienes analizaron su propio papel dentro de la sociedad a la cual pertenecen y de la cual innegablemente forman parte. Las primeras organizaciones de personas con discapacidad lanzaron los planteamientos sociológicos iniciales del paradigma de la discapacidad como una forma de opresión social. Este planteamiento enuncia que es la propia sociedad la que incapacita físicamente a las personas con insuficiencias, y que es el propio medio social el que las aísla y no les ofrece soluciones adecuadas para la participa- ción plena de las personas con discapacidad en la vida social. Estos grupos conside- ran a la discapacidad como la desventaja o la limitación de la actividad causada por una organización social contemporánea que tiene escasa o nula consideración con las personas que presentan alguna insuficiencia física, y por lo tanto las excluye de toda participación en las actividades sociales generales.9

A partir de este momento se acentuó el interés por el tema de la discapacidad y se hizo manifiesto todo lo concerniente a las personas discapacitadas, que gradual- mente cobró mayor importancia. Algunos hechos contribuyeron a promover este interés social,10 por ejemplo la promulgación del Año internacional para las personas con discapacidad en 1981 y, particularmente, la aprobación del Programa de acción mundial para los impedidos el 3 de diciembre de 1982. Éste fue realmente el punto de partida para la implementación de esfuerzos que buscaban generar información estadística sobre las características de las personas con discapacidad, al mismo tiem- po que recopilar material sobre las experiencias ya desarrolladas. Durante la Déca- da de las Naciones Unidas para las personas con discapacidad (1983-1992), muchos países efectuaron acciones para mejorar las condiciones de vida de este grupo de la población y aplicaron instrumentos de medición para conocer su volumen y sus características.

La discapacidad y el diseño

Con todas estas manifestaciones sociales, resultaba inminente la propuesta de una nueva estrategia, es decir, la creación y construcción de un nuevo modelo que tra- tara de manera integral el problema de las personas con discapacidad. Este modelo social de la discapacidad, como actualmente se conoce, se ha hecho gradualmente más fuerte. La implementación de este paradigma en el campo del diseño implica principalmente que se modifiquen tanto las políticas como las legislaciones, con el objetivo de remover las barreras físicas, institucionales, sociales y culturales que impiden la igual y plena participación de las personas con discapacidad en la vida de su comunidad.

 

8. L. Barton (comp.). Discapacidad y sociedad. Madrid: Morata, 1998, p. 39.
9. Union of the Physically Impaired Against Segregation. Fundamental principles of disabilities. Londres, 1976, p. 3 y
4, en: L. Barton (comp.). Discapacidad y sociedad. Madrid: Morata, 1998, p. 41.
10. Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática. Presencia del tema de la discapacidad en la información estadística. Marco teórico-metodológico. Aguascalientes, 2001, p. 10.

Dichas barreras son todos aquellos obstáculos a los que todas las personas nos enfrentamos día con día; las encontramos en el entorno físico, en las actitudes de las personas y en la manera en la que la sociedad aísla a las personas con discapacidad. Son de tres tipos: físicas, sociales y culturales.

Se consideran barreras físicas todos aquellos obstáculos que dificultan, entorpe- cen o impiden a las personas con discapacidad su libre desplazamiento en lugares públicos o privados, exteriores o interiores, y el uso de los servicios comunitarios.11 Es muy frecuente que las barreras físicas excluyen a las personas con discapacidad de la vida activa de la sociedad. Por ejemplo, las puertas demasiado estrechas para que pase una silla de ruedas, las escaleras y peldaños inaccesibles en edificios, autobuses, trenes y aviones, los teléfonos e interruptores de luz colocados fuera de su alcance, los servicios higiénicos que no pueden utilizar, etcétera.

Pero las personas discapacitadas también se ven excluidas por otra clase menos evidente de barreras físicas. Con frecuencia las interacciones se establecen sólo me
diante la comunicación oral, pasando por alto las necesidades de las personas con
deficiencias auditivas, o se utiliza únicamente la información escrita y se ignoran las necesidades de los que padecen deficiencias visuales. Estas barreras son, en gran par- te, producto de la ignorancia y la despreocupación, aunque muchas de ellas podrían evitarse sin mucho costo mediante una planificación cuidadosa en el proceso y la implementación de los diseños. Aunque en algunos países existen leyes especiales y se han realizado campañas de educación al público para eliminar tales obstáculos, este problema sigue siendo crucial.

Por lo general, los servicios e instalaciones existentes y las medidas sociales adop- tadas para la prevención y rehabilitación de la discapacidad, así como su integración a la sociedad, están estrechamente relacionados con una disposición favorable; por ejemplo, la capacidad de los gobiernos y los diferentes sectores sociales para destinar recursos y servicios a los grupos desfavorecidos de la población.

Las barreras sociales son aquellas que la misma sociedad ha creado y que no les permiten a las personas con discapacidad formar parte de un determinado grupo social, económico, recreativo o educativo, debido generalmente a prejuicios preesta- blecidos que generan el consiguiente trato discriminatorio.

Por otra parte, las barreras culturales son aquellas que cada individuo establece con respecto a las personas diferentes y que le impiden relacionarse con ellas. Algu nas barreras que se han identificado para la participación e inclusión de las personas con discapacidad en la sociedad son principalmente las actitudes sociales negativas y de exclusión; la ausencia de leyes, normativas y políticas adecuadas que promuevan diferentes acciones para romper las barreras; las deficientes respuestas institucio- nales que se dan para la provisión de servicios; la carencia de personal calificado y preparado, y la falta de enfoques alternativos de servicios, para los cuales el diseño tendría muchas soluciones que ofrecer.

 11. Estados Unidos Mexicanos. Ley para las personas con discapacidad del Distrito Federal. México, 19 de diciembre de 1995, art. 2o, frs. v y vi. Disponible en el Boletín Mexicano de Derecho Comparado. Consultado en: http://www.juridicas. unam.mx/publica/rev/boletin/cont/86/el/el17.htm, el 17 de abril de 2006.

Todas las personas nos enfrentamos cotidianamente a barreras físicas, sociales y culturales, pero las personas con discapacidad se enfrentan a ellas en mucho mayor grado debido a su condición. La propuesta consiste, por lo tanto, en que con la im- plementación de un diseño incluyente se promueva tanto la eliminación de barre- ras, como un cambio de actitud de las personas, que permita que cada integrante de la sociedad goce de sus derechos, de los servicios, y esté en plena libertad de ejercer sus obligaciones.12

Todas las dificultades que enfrentan las personas con discapacidad desafían el concepto mismo de discapacidad y la acción del diseño como factor de cambio en el propio modelo. El paradigma social pone en la mira tanto la dimensión social como la del medio social, arquitectónico, urbano, cultural y de diseño, frente a la discapacidad.

El objetivo central de este planteamiento se basa en la igualdad de toda la gente y en su inclusión como parte de una misma sociedad; su fuerza radica en la organiza- ción social de las personas con discapacidad y en las modificaciones que exigen del medio para que éste sea incluyente hacia ellas.

Aceptar y promover el principio de la igualdad surge de la igualdad de trato, y ésta responde a dos vertientes. Una es la formal, concebida como el derecho de los ciudadanos a obtener un trato igual, ausente de discriminaciones, en una socie- dad más igualitaria, considerada más justa. La otra es la sustancial o material que, partiendo de las diferencias reales que existen de hecho entre los grupos que son tratados desigualmente, legitima la introducción de otras “desigualdades” que resta- blezcan la igualdad socialmente ignorada. Esta aspiración de construir una sociedad igualitaria implica que las relaciones sociales se caractericen precisamente por una diferenciación o diversidad entre los distintos grupos, que no suponga dominación ni relaciones injustas entre ellos.13 La igualdad, en suma, no se conforma con la formal o de trato, sino que exige que se tenga en cuenta la sustancial, material o de hecho.

  1. Teletón. “Eliminación de barreras”. Sin fecha, consultado en: http://www.teleton.org.mx/culturaeliminacion.php, el 17 de abril de 2006.
  2. Miguel Ángel Cabra de Luna. “Discapacidad y aspectos sociales: la igualdad de oportunidades, la no discriminación y la accesibilidad universal como ejes de una nueva política a favor de las personas con discapacidad y sus familias. Algunas consideraciones en materia de protección social”, en: Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Madrid, sin fecha, núm. 50. Consultado en: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=897754&orden=20062&info=link el 11 de febrero de 2007.

 

Resulta pertinente mencionar que el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea han declarado el año 2007 como el Año europeo de la igualdad de oportunidades para todas las personas. Los objetivos que se persiguen son los siguien- tes: a) concientizar sobre el derecho a la igualdad y a no sufrir discriminación; b) reforzar el mensaje de que todas las personas tienen derecho al mismo trato, sin dis- tinción de sexo, origen étnico o racial, religión o convicciones, discapacidad, edad u orientación sexual; c) promover una sociedad más cohesionada; d) subrayar la importancia de eliminar los estereotipos, los prejuicios y la violencia, promoviendo las buenas relaciones entre toda la sociedad, y particularmente entre los jóvenes, y e) difundir los valores esenciales de la lucha contra la discriminación.14

Diseño…

Específicamente hablando del diseño, existe una doble problemática que debería
ser atendida para que esta disciplina pudiera abrir su campo de acción. El primer asunto es que, en las instituciones educativas donde se enseña diseño de cualquier
índole, el tema de la discapacidad y de las necesidades humanas de los grupos vul-
nerables debería ser estudiado y analizado de manera urgente y obligatoria, para
que los estudiantes estuvieran en condiciones de realizar propuestas diseñísticas no
discriminatorias, y por lo tanto, incluyentes hacia las personas con discapacidad.

Este modelo de diseño incluyente y accesible se convertiría a su vez en un factor de cambio, ya que despertaría al mismo tiempo una conciencia social, para que tan- to los diseñadores como la sociedad, entendieran que las barreras deben ser afron- tadas y disueltas. Si este aspecto social no se ha considerado de manera recurrente en las prácticas de los diseños en muchos países, como México, es decir, de manera generalizada y obligatoria, se le estaría dando la razón a Norberto Chaves, quien dice acerca del diseño: “dime qué priorizas [con tu diseño] y te diré a qué cultura perteneces”.15 Debemos promover la idea de que el ser humano diseñe para el ser humano, generando diseño útil para todos.

Retomando el aspecto legislativo de esta problemática, se puede decir que hay mucho que hacer y muchas propuestas que apoyar desde el diseño, sobre todo en los campos referentes a los temas de igualdad y no discriminación. Estas temáticas suponen una lucha por fomentar el trato equitativo hacia las personas con disca- pacidad y promover su reconocimiento ante la ley. Es necesario que se promuevan actitudes sociales positivas, sobre todo en lo referente al tema de la vida independiente, para que estas personas sean debidamente incluidas en la comunidad. Esto permitiría generar paulatinamente una conciencia social e institucional acerca de que todas las personas con discapacidad tienen los mismos derechos que cualquier otro ciudadano más. Por ejemplo, el derecho a la movilidad, el derecho a la salud, el derecho a la rehabilitación, el derecho a la educación, el derecho al acceso a la información y el derecho al trabajo. Si el diseño se realizara apegado a derecho, es decir, si retomara estas propuestas legislativas y normativas, e hiciera un esfuerzo por integrarlas en sus propuestas de diseño, además de apegarse a solucionar ver- daderamente las necesidades reales de las personas, generaría un diseño alternativo, diferente, propositivo y fundamentado.

 

14. Consultado en: eur-lex.europa.eu/LexUriServ/site/es/oj/2006/l_146/l_14620060531es00010007.pdf, el 9 de fe- brero de 2007.
15. Norberto Chaves. El oficio de diseñar. Barcelona: Gustavo Gili, 2002, p. 81.

 

Para argumentar mejor esta propuesta de generar un diseño alternativo que sea incluyente y considere desde su planeación y concepción a las personas con disca- pacidad, se exponen a continuación algunas ideas retomadas de un texto de Claudia Sánchez,16 quien exhibe la evolución que se ha presentado en los campos del diseño con respecto a la expresión diseño para todos.
Este término comenzó a utilizarse inicialmente como “diseño universal” en los años cincuenta del siglo xx, y se consideraba como un nuevo enfoque de atención a la discapacidad. El diseño universal, también llamado diseño sin barreras, se realizaba principalmente considerando el entorno y a las personas con discapacidad física, lo que lo convertía en un diseño limitado y excluyente, pues estaba dirigido única- mente a los aspectos arquitectónicos de las edificaciones que se relacionaban con las personas con serias limitaciones físicas y con impedimentos a la movilidad.

Como ya se mencionó, durante la década de los años setenta se inició, de manera paralela a otras luchas por los derechos civiles, el trabajo por los derechos de las personas con discapacidad, que incluía la eliminación de algunas barreras físicas. Con la organización de la población con discapacidad, se dieron los primeros pasos hacia la normatización17 y la integración, y surgió el término diseño accesible. Por primera vez el diseño era un tópico de derechos civiles. Pero las leyes dictadas para el diseño accesible se enfocaron exclusivamente hacia la parte arquitectónica, sin tener en cuenta los productos y elementos necesarios para lograr una accesibilidad completa y real.

Fue entonces cuando el arquitecto norteamericano Michael Bednar introdujo la idea de que la capacidad funcional de todas las personas se mejora cuando se remueven las barreras del entorno, y sugirió la necesidad de tener un concepto más amplio y universal de la accesibilidad. En los años ochenta, en Europa y los Estados Unidos, las personas con discapacidad, que contaban ya con una organización más sólida, establecieron un frente común contra las leyes sobre accesibilidad que reducían el diseño a una serie de requerimientos mínimos y elementales. Las leyes ofrecían una protección invaluable para la población, pero con la consecuencia no intencional de disminuir la atención al potencial creativo del diseño.

16. Claudia Sánchez. “¿Diseñamos para todos?”, en: http://www.iab-rs.org.br/colunas/artigo.php?art=82, consultado el 21 de enero de 2006.
17. Se emplea el término normatización, que debe entenderse como la implementación de normas o normativas como linea- mientos a seguir en los propios procesos de diseño, sobre todo en el diseño arquitectónico, donde se han desarrollado más ampliamente.

A finales de los años ochenta, el arquitecto norteamericano Ronald Mace,18 forzado a utilizar una silla de ruedas la mayor parte de su vida, reinventó el término Universal Design. Resumiendo sus teorías, se puede decir que el diseño universal (es decir, diseño para todos), se refiere al diseño y a los entornos útiles para todos en la máxima expresión de este término, huyendo de las adaptaciones o de los diseños especializados, y evitando inversiones económicas excesivamente elevadas. El diseño universal busca beneficiar a los usuarios de todas las edades y grados de habilidad.

Ron Mace, junto con un grupo de diseñadores, entre los que se cita a Betty Rose Connell, Mike Jones, Jim Mueller, Abir Mullick, Elaine Ostroff, Jon Sanford, Ed Steinfeld, Molly Story y Gregg Vanderheiden, propuso entonces siete principios del diseño universal, equiparables con los factores e índices ergonómicos con los que se trabaja actualmente la accesibilidad: establecen ciertas características que el diseño debe cumplir con el objeto de que pueda ser disfrutado por la mayor cantidad po- sible de personas.

Con la implementación de estos principios se pretende introducir en el proceso de diseño una reflexión positiva y observar cómo, incorporando pequeñas modificaciones y sin elevar el costo, se pueden ampliar los mercados y mejorar las condiciones de usabilidad. Existe, por ejemplo, un gran numero de situaciones en las que todos podemos vernos en condiciones de discapacidad. En un entorno suficientemente oscuro, cualquiera de nosotros tiene las mismas restricciones que un deficiente visual; por lo tanto, cualquier mejora o ayuda que incorporemos para las personas con deficiencias visuales nos servirá también a nosotros. De igual manera, en un contexto suficientemente ruidoso, cualquiera de nosotros tiene las mismas restricciones que una persona con deficiencias auditivas. Cuando vamos cargando algún objeto tenemos las mismas restricciones que una persona con una disfunción en una mano.

No debemos confundirnos, ya que no nos referimos a crear adaptaciones o aparatos especiales, tema que pertenece al área específica del diseño asistencial y que nada tiene que ver con el diseño para todos. El mundo del diseño y de la diversidad no se encuentran en dimensiones opuestas, sino que pueden y deben ir juntos. El hecho de incorporar al objeto de diseño las necesidades específicas de algunas per- sonas supone una mejora sustancial para todos, y de esta manera los diseñadores contribuimos a hacer un mundo mejor.

 18. Ajuntament de Barcelona. Institut Municipal de Persones amb Disminució. “Buen diseño y para todos. Pensar en la diversidad, una aportación positiva, creativa y útil”, en: www.bcn.es/imd y en: www.fadweb.com, 2004, consultado el 8 de febrero de 2007.

Los Siete principios del diseño universal o diseño para todos se centran en hacer un diseño que sea utilizable universalmente o por todos los usuarios, pero hay que tener en cuenta que en el diseño intervienen otros aspectos que no deben olvidarse, como el costo, la cultura en la que será usado y el ambiente. Estos principios son tan aplicables en la arquitectura como en la ingeniería, el diseño gráfico, el diseño industrial, el diseño de páginas de internet y en muchos otros campos.

Los siete principios del diseño para todos

1er principio: uso equiparable. El diseño es útil y vendible para personas con capacidades muy diversas. Las pautas o lineamientos para conseguir este principio  son: a) que el diseño proporcione las mismas formas de uso para todos los usuarios, idénticas cuando es posible o equivalentes cuando no lo es; b) que el diseño evite segregar o estigmatizar a cualquier persona; c) que las características de privacidad, garantía y seguridad estén igualmente disponibles para todos los usuarios, y d) además se sugiere que el diseño sea atractivo para todos
2o principio: uso flexible. El diseño se acomoda a un amplio rango de preferencias y habilidades individuales. Lineamientos: a) que ofrezca posibilidades de elección en los métodos de uso; b) que se pueda tener acceso al diseño y utilizarlo tanto con la mano derecha como con la izquierda; c) que le facilite al usuario la exactitud y la precisión, y d) que se adapte al paso o al ritmo del usuario.

3er principio: simple e intuitivo. El uso del diseño es fácil de entender, atendiendo a la experiencia, conocimientos, habilidades lingüísticas y grado de concentración actual del usuario. Lineamientos: a) que el diseño elimine la complejidad innecesaria; b) que sea consistente con las expectativas y la intuición del usuario, acomodándose a un amplio rango de grados de alfabetización y de habilidades lingüísticas; c) que la información esté organizada de acuerdo con su importancia.

4o principio: información perceptible. El diseño comunica de manera eficaz la información necesaria para el usuario, atendiendo a las condiciones ambientales y a sus capacidades sensoriales. Lineamientos: a) que utilice diferentes formas para presentar de manera redundante la información esencial, gráfica, verbal o táctil- mente; b) que maneje de preferencia un contraste suficiente entre la información esencial y sus alrededores; c) que amplíe la legibilidad de la información esencial; d) que marque la diferencia entre los elementos con formas o pictogramas que puedan ser descritos, y e) que sea compatible con varias técnicas o dispositivos usados por las personas con limitaciones sensoriales.

5o principio: tolerancia al error. El diseño minimiza los riesgos y las consecuencias adversas de acciones involuntarias o accidentales. Pautas su- geridas: a) que el diseño disponga los elementos para minimizar los riesgos y errores; b) que los elementos más usados sean los más accesibles; c) que los elementos peligrosos sean eliminados, aislados o tapados, y d) que acentúe las advertencias sobre peligros y errores.

6o principio: que exija poco esfuerzo físico. El diseño puede ser usado eficaz
y confortablemente y con un mínimo de fatiga. Pautas: a) que el diseño permita que
el usuario mantenga una posición corporal neutra, utilizando de manera razonable
las fuerzas necesarias para operar, y b) que minimice las acciones repetitivas que
provocan esfuerzo físico y cansancio.

7o principio: tamaño y espacio para el acceso y uso. Que proporcione un tamaño y espacio apropiados para el acceso, alcance, manipulación y uso, atendien- do al tamaño del cuerpo, la postura y la movilidad del usuario. Lineamientos: a) que proporcione una línea de visión clara hacia los elementos importantes, tanto para un usuario sentado como para uno de pie; b) que se acomode a variaciones de tamaño de la mano o del agarre, y c) que proporcione el espacio necesario para el uso de ayudas técnicas o de asistencia personal.19

Conclusiones

Es importante aclarar que en el contexto latinoamericano se habla más bien de ac- cesibilidad, entendida como la condición que cumple un ambiente, objeto o instru- mento que puede ser utilizable por todas las personas, en forma segura, confortable y de la manera más autónoma posible, noción estrechamente relacionada con la ergonomía en su búsqueda de optimizar las interacciones entre el ser humano, el ambiente y el equipamiento. Sin embargo, todos los principios básicos del diseño para todos son completamente utilizables por y para generar la accesibilidad, lo que finalmente convierte a ambas denominaciones del diseño en diseño incluyente.

La aplicación de los principios del diseño universal es un proceso que lleva a una igualdad real, a responder a los retos de una sociedad cada vez más diversa, con necesidades diferentes, promoviendo la equiparación de oportunidades. Para lograr este reto se hacen indispensables algunos cambios, por ejemplo concientizar a los diseñadores acerca de la importancia de trabajar por un diseño para todos.

19. The Center for Universal Design. Principios del diseño universal. Versión 2.0 del 1o de abril de 1997. Raleigh, nc: North Carolina State University, trad. y adapt. de Emmanuelle Gutiérrez y Res- trepo en: Claudia Sánchez. “¿Diseñamos para todos?”, en: http://www.iab-rs.org.br/colunas/artigo. php?art=82, consultado el 21 de enero de 2006.

Como se ha mencionado varias veces a lo largo de este documento, es de princi- pal importancia la inclusión de la temática de la discapacidad en los programas de licenciatura y posgrado de las disciplinas del diseño.

La cuestión legal y de normatización técnica también es fundamental, ya que se requieren pautas y normas precisas, de aplicación voluntaria, que cuenten con el consenso de todas las partes interesadas y que persigan un beneficio colectivo. Las normas técnicas son el resultado de un procedimiento universal, aplicado por un organismo de normalización reconocido. Generalmente es a partir de criterios in- ternacionales que se proponen las normas de aplicación nacional, considerando las características culturales específicas de cada país.

Finalmente, el aspecto socioeconómico, político y cultural implica desarrollar políticas, programas, legislaciones, reglamentaciones, controles y sobre todo aplicar planes de accesibilidad que promuevan el mejoramiento de la calidad de vida de todas las personas, acentuando una conciencia y un crecimiento social que propongan y promuevan una sociedad inclusiva, que se construya con la suma de acciones de toda índole en la vida cotidiana.

Bibliografía

Aguado, Antonio León. Historia de las deficiencias. Madrid: Escuela Libre Edito- rial, 1995.

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