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Encuadre | 23 noviembre, 2017

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Algunos apuntes históricos sobre las escuelas de diseño

Algunos apuntes históricos sobre las escuelas de diseño
Mtro. Gerardo Kloss

Los relatos sobre el origen de la enseñanza del diseño en México no tienen muchas fuentes documentales y hay poca comprensión de este complejo árbol genealógico, donde caben muchas primeras escuelas: la primera en enseñar las artes, las artes visuales, las artes visuales aplicadas, la gráfica o el diseño, en formar diseñadores, en concebir una profesión, en llamarse carrera, diseño, diseño gráfico,licenciatura o licenciatura con validez oficial. Este artículo intenta empezar a sistematizar en un solo relato algunas de estas genealogías

Se acepta generalmente como un hecho que la carrera de diseño gráfico se empezó a enseñar en México en la Universidad Iberoamericana en 1968, y que algo tuvieron que ver los XIX Juegos Olímpicos, pero no se conocen otras cosas que pasaron antes y después; se trata de una historia oral transmitida de maestros a alumnos, con malentendidos, sobreentendidos, mitos y héroes locales: gran parte de la información disponible es testimonial y hay pocas fuentes documentales.

No existe un acuerdo general acerca de qué es exactamente el diseño gráfico, qué deben enseñar las escuelas y cómo estudiar su pasado, pero parece haber ciertos conceptos comunes a todas ellas: algunas prácticas históricas, como el dibujo o la tipografía, se consideran obvias.

Aún así, el diseño gráfico como profesión es más bien reciente, por lo que su episteme y su lugar en la sociedad siguen definiéndose. Quien escoge ver al diseño gráfico como profesión liberal, arte, arte aplicada, oficio, técnica, artesanía, práctica social, comercial o cultural elige, queriendo o no, una visión particular de su historia y de tensiones tan viejas como las que oponen a profesionistas liberales y técnicos artesanos, artes puras y artes aplicadas, enseñanza formal e informal, e incluso educación religiosa y laica. Parafraseando a José Martí, podría decirse que sólo hay un tipo de diseño gráfico relevante en México y cada diseñador lo tiene.[1]

Así pues, en México hay un árbol genealógico con muchas primeras escuelas: la primera en enseñar las artes, las artes visuales, las artes visuales aplicadas, la gráfica o el diseño, en formar diseñadores, en concebir una profesión, en llamarse carrera, diseño, diseño gráfico, licenciatura o licenciatura con validez oficial.

Algunos puntos de partida razonables son: a) que al principio la enseñanza del diseño en México evolucionó despacio, al ritmo de la sociedad, la cultura y la economía de servicios; y b) que luego el diseño se volvió una carrera de moda, y se generó una enorme oferta de escuelas y de diseñadores, cuyo impacto social, cultural y económico no parece corresponder al visible desarrollo del diseño en sí mismo.

Me disculpo de antemano por los errores y omisiones que resulten de confrontar en este texto la tradición oral contra los pocos documentos disponibles, así como agradezco la generosidad de las personas que me apoyaron en este breve trabajo preliminar que habrá de continuarse.[2]Cualquier comentario o corrección a lo dicho en este artículo serán gratamente bienvenidos.

Comencemos por el principio: la mayor parte de la extraordinaria gráfica prehispánica fue destruida por la Conquista y su influencia en el diseño actual es más referencial que fundacional. En cualquier caso, para hacer un análisis histórico es necesario asumir que la función social que tenía un tlacuilo prehispánico, un tipógrafo colonial o un grabador decimonónico en su tiempo es imposible de comparar con aquellas que hoy nos afanamos en atribuirle al diseñador gráfico.

La Nueva España tuvo la primera imprenta de América, pero no una enseñanza formal de las artes gráficas; nadie creía necesaria una escuela porque el personal se formaba en el trabajo a través del rito medieval de aprendiz, oficial y maestro. Existen indicios de que en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco se enseñaba tipografía hacia 1590, pero la sociedad novohispana no aceptaba de buena gana que a sus alumnos se les enseñaran técnicas tales siendo hijos de caciques indígenas.

La Casa de Moneda, institución estratégica para una sociedad colonial y minera como la novohispana, se fundó en 1535; pero tuvo que esperar hasta 1778 para que Gerónimo Antonio Gil, procedente de la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando de Madrid, le diera una escuela de grabadores.[3] Dado que la Escuela de Grabadores de Moneda tuvo mucho éxito, el ilustrado Gil concibió la idea de abrir una academia moderna de artes liberales, con cursos de pintura, escultura, grabado y arquitectura.

El superintendente de la Casa de Moneda, Fernando José Mangino, convenció al virrey Martín de Mayorga y la primera academia ilustrada de artes de América se abrió bajo la dirección de Gil el 4 de noviembre de 1781, el día del santo de Carlos III. Se llamó “Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos” para invocar los favores del monarca, quien en 1783 le otorgó cédula y estatutos como “Real Academia de San Carlos de la Nueva España”, facultada para impartir profesiones liberales desligadas de los gremios, con exclusividad para su ejercicio y con títulos nobiliarios para los académicos de mérito.

La Academia permaneció diez años en la Casa de Moneda y en 1791 le arrendó a la Mitra el Hospital del Amor de Dios, donde duraría más de dos siglos; en ese año llegó a México Manuel Tolsá junto con otros maestros, trayendo una colección de copias en yeso de las esculturas de las galerías reales. Con el tiempo San Carlos constituiría una reserva patrimonial de talento y recibiría encargos muy variados, como formar arquitectos, ingenieros, urbanistas y topógrafos, o diseñar muebles, adornos y objetos industriales; si bien algunos encargos luego fueron transferidos a otras instituciones, en la Academia se debatió largamente entre ciencia y arte, arte puro y arte aplicado, artistas liberales y artesanos, arte académico y vanguardias, arte “apolítico” y arte “comprometido”.

Con la Independencia, la entonces “Academia Nacional de San Carlos de México” perdió el patrocinio real y se cerró durante tres años; en 1826 Pedro Patiño Ixtolinque propuso adoptar los planes de la Escuela Politécnica de París,[4] ya que las ciencias eran “más útiles que las bellas artes” para la joven nación. En 1833 las reformas liberales afectaron fuertemente a San Carlos, que resurgió en 1843 bajo el patrocinio de Francisco Javier Echeverría, con un buen subsidio, un museo y una lotería; compró así su edificio, trajo maestros europeos como Pelegrín Clavé y Eugenio Landesio, y premió a sus mejores alumnos con becas en el extranjero. En 1856 Javier Cavallari reorganizó el plan de arquitectura, al que agregó en 1858 la ingeniería civil, así que para 1861 ya duraba cuatro años.

En 1861 Juárez disolvió la Junta de la Academia, suprimió la lotería y destituyó a Landesio y a Cavallari por negarse a protestar contra la intervención francesa. El II Imperio a su vez la llamó “Academia Imperial de Bellas Artes”, cuando Maximiliano la tomó bajo su protección y restituyó la Junta; en 1867 Juárez, ya reinstalado en el poder, la llamó Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA) y la separó de la Escuela Nacional de Ingenieros, que se mudó al Palacio de Minería. Al mismo tiempo Juárez creó la Escuela Nacional de Artes y Oficios, origen del sistema de educación tecnológica.

Fuera de la Academia las artes gráficas prosperaban, como siempre, con personal formado en el trabajo; la segunda mitad del XIX y los inicios del XX vieron una gran expansión de la prensa, de la ilustración y de la caricatura, pero no de las escuelas. En 1910 la ENBA se unió a la Universidad Nacional de México con la carrera de arquitectura, mientras pintura, grabado y escultura desaparecieron como carreras para volverse talleres libres.

El porfiriato trajo profesores franceses que impusieron en San Carlos su estilo académico; entre 1911 y 1912 sus alumnos protagonizaron una huelga contra los métodos de enseñanza y en 1913 Alfredo Ramos Martínez inició la primera Escuela al Aire Libre en Santa Anita, para que los alumnos pudieran “apartarse de sus encerrados talleres” y entraran en contacto con el pueblo.

La Revolución la detuvo por un tiempo, pero en 1920 se abrió otra en Chimalistac, la que se fue en 1921 a Coyoacán (donde Jean Charlot empezó a proponer en 1922 la xilografía y la litografía como bases para un arte popular y nacionalista) y en 1924 a Churubusco. En 1925 se abrieron más escuelas en Xochimilco (con Rafael Vera), Tlalpan (con Francisco Díaz de León, pionero del diseño gráfico) y La Villa de Guadalupe (con Fermín Revueltas, quien abriría otra en Cholula). Rosario Cabrera abrió una escuela libre en Coyoacán; las hubo también en Michoacán, en Cuernavaca y la última en Taxco en 1932.

En 1922 la SEP adoptó en las escuelas del país el método de dibujo de Adolfo Best Maugard, tratando de elevar el espíritu del pueblo, democratizar la cultura y facilitar la producción de objetos industriales; en ese año se formó el Departamento de Enseñanza Técnica Industrial y Comercial de la SEP, y en 1923 José Vasconcelos fundó las Misiones Culturales, que pronto incluyeron a artistas plásticos como Rosendo Soto, luego fundador de la Escuela de Diseño y Artesanías (EDA).

En ese año se lanzó el manifiesto del Sindicato de Trabajadores Técnicos Pintores y Escultores, firmado por Siqueiros, Rivera, Orozco, Fermín Revueltas, Ramón Alva y Carlos Mérida, entre otros. Fue un periodo de efervescencia ideológica; la Revolución, el nacionalismo y las ideas socialistas impulsaron un arte contestatario, aunque no sin cierto apoyo oficial.

En 1934 varios simpatizantes del Partido Comunista formaron la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR); entre ellos María Izquierdo, Carlos Mérida, Manuel y Lola Álvarez Bravo, Rufino Tamayo, Pablo O’Higgins, Siqueiros, Gabriel Fernández Ledezma, Leopoldo Méndez, Raúl Anguiano, José Chávez Morado, Raúl Cacho y Clara Porset. Disuelta la LEAR, Méndez, O’Higgins y Luis Arenal fundaron en 1937 el Taller de Gráfica Popular. En 1952 se creó el Frente Nacional de Artes Plásticas (FNAP), uno de los últimos y más duraderos esfuerzos por defender el arte nacionalista y popular, con Francisco Goitia, Siqueiros y Chávez Morado, entre otros. En 1959 Goitia, Jorge González Camarena, Juan O’Gorman, Anguiano y otros renunciaron al FNAP en medio de una violenta controversia, mientras las artes plásticas mexicanas comenzaban a deslindarse gradualmente de sus compromisos ideológicos.

Pero volvamos a 1927, cuando se abrieron dos Centros Populares de Enseñanza Artística Urbana o Centros Populares de Pintura, dirigidos a trabajadores y artesanos de la ciudad; uno con Gabriel Fernández Ledezma en San Pablo, luego en San Antonio Abad, y el otro con Fernando Leal en Nonoalco. En la Merced se abrió la Escuela Libre de Escultura y Talla Directa, antecedente directo de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado (ENPEG) del INBA, que tendría luego por mejor nombre el de la calle donde se ubicaba, la de la Esmeralda, en la colonia Guerrero. En 1933, para aumentar las habilidades artísticas de los obreros, el gobierno abrió las Escuelas Nocturnas de Arte para Trabajadores.

Al mismo tiempo, toda esta efervescencia ideológica y la entonces llamada “educación socialista”, desencadenaron una oposición que fue el origen de las primeras universidades particulares. La pionera fue la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), fundada en 1935, pero no se puede omitir al Instituto Regiomontano en 1942 (luego Universidad de Monterrey), el Centro Cultural Universitario en 1943 (que se convirtió en Universidad Iberoamericana en 1951), el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en 1957, la Universidad La Salle en 1962 y la Universidad Anáhuac en 1964.

En cuando a la Universidad Nacional de México, en 1929 adquirió la autonomía y se convirtió en UNAM.Entonces la ENBA se dividió en Escuela Central de Artes Plásticas (ECAP) y Escuela Nacional de Arquitectura (ENA), ambas en el edificio de la Academia, y las magníficas colecciones de pintura de San Carlos pasaron a la SEP, donde serían la base del Museo Nacional de San Carlos, abierto en 1968.

Diego Rivera inició en San Carlos los talleres nocturnos de carteles y letras[5] en 1929, cuando era director de la ECAP, la que en 1933 se convirtió en Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP). En 1939 otro director, Manuel Rodríguez Lozano, reorganizó la carrera de maestro en artes plásticas (que no había expedido un solo título en veinte años) y creó los cursos de dibujo publicitario.[6]

El desarrollo de la industria, del mercado interno, de los medios de comunicación y de la publicidad le dieron este nuevo encargo a la ENAP, donde el arte liberal “puro” –fuente de la legitimidad histórica de la Academia– tuvo que coexistir de mala gana con un humilde arte aplicado, técnico y artesanal, el dibujo publicitario, que alguna vez se consideró “prostituido” y “mercenario”, y se desterró durante muchos años a un edificio aparte en Tacuba. Cabe señalar aquí que la mayoría de las carreras de diseño gráfico surgió en escuelas de arquitectura; en pocos lugares encontramos al diseño gráfico enmarcado en sistemas de educación artística, como en la UNAM y el INBA.[7]

Museo Nacional de las Culturas,antes Museo Nacional y antes Casa de Moneda.Fotografía de J. Alejandro Pérez Garibay.

Museo Nacional de las Culturas,antes Museo Nacional y antes Casa de Moneda.Fotografía de J. Alejandro Pérez Garibay.

En 1938 se estableció la Escuela Nacional de Artes Gráficas (ENAG), hoy CETIS 11,[8] en Bucareli, y en los años cuarenta Raúl Robles Ríos fundó en Uruguay 48 el Instituto de Dibujo Publicitario y Artístico, desaparecido con los sismos de 1985.[9]

Otro sitio histórico que albergó al diseño mexicano fue la Ciudadela, donde José Chávez Morado fundó en 1949 el Taller de Integración Plástica para enseñar y practicar el arte público;[10] luego fue sede del Taller de Artesanos de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP), encabezado por Carlos Lazo y Raúl Cacho.

Cacho había conocido en México en 1940 a Hannes Mayer, ex director de la Bauhaus de Dessau, y ambos habían soñado con organizar una Bauhaus mexicana; para 1950 Cacho trabajaba con Lazo en el diseño de la Ciudad Universitaria, tratando de integrar la urbanización, el paisaje, los edificios, el arte público y los muebles y objetos. El arte público en México sólo se había hecho en edificios históricos y la CU era una oportunidad única, que luego muchos juzgaron fracasada por el divorcio entre el funcionalismo modernista predominante en la arquitectura y el plan urbano, y el arte público aplicado a los edificios.

El Taller de Artesanos surgió en 1952 cuando Carlos Lazo quedó al frente de la SCOP y le encomendó al equipo de Cacho los murales de la secretaría, 500 viviendas para los trabajadores y las llamadas “cuevas civilizadas” de Belén de las Flores. Aunque no se realizaron por completo, estos ambiciosos proyectos integraban el plan urbano, la arquitectura, el diseño industrial, textil y gráfico, y el arte público. Ahí participó Clara Porset, ex alumna de Mayer en la Bauhaus, quien organizó en Bellas Artes en 1952 la primera exposición de diseño en América Latina, titulada “El arte en la vida diaria”.

El taller tuvo una “muerte prematura y torpe”, según Cacho, pues Lazo cedió a las presiones políticas que lo acusaban de estar “prohijando comunistas”.

En 1954 la Escuela Nacional de Arquitectura se trasladó a CU y dejó en San Carlos a la ENAP,[11] que hacia 1956 sólo tenía la carrera de maestro en artes plásticas.[12]Dibujo publicitario era sólo un sistema de cursos nocturnos nocturnos de 23 horas semanales que podían durar hasta cuatro años y se daban junto con artesanías, talla en madera y relieve en metales. En 1959 se crearon por fin las carreras técnicas de pintura, escultura, grabado y dibujo publicitario, así como los cursos de artes aplicadas; ninguna era todavía licenciatura.

Al cerrarse el Taller de Artesanos el INBA recuperó parte de la Ciudadela, donde se fundó en 1958 el Centro Superior de Artes Aplicadas (CSAA), dirigido por Jorge Olvera.[13] Enfocado a la docencia, la producción y la investigación, tenía talleres de mural, escultura monumental y talla directa, mosaicos, vitrales, cerámica, esmaltes, grabado y estampa, platería y orfebrería, textiles, restauración y conservación y laudería. Según Pilar Maseda, el CSAA tenía cierta continuidad de objetivos con el Taller de Integración Plástica y con el Taller de Artesanos, pero se dedicó más a las técnicas y oficios que al diseño, y se cometieron algunos “excesos” que llevaron a su cierre.

El INBA le encomendó en 1961 a José Chávez Morado que organizara la Escuela de Diseño y Artesanías (EDA), que se abrió en febrero de 1962[14] con cursos artesanales y una carrera técnica de diseñador artesanal de cuatro años, que concebía al diseño como una profesión integral. Entre 1964 y 1965 sufrió tantos cambios que para 1966 se convirtió en diseño artístico industrial, y entre 1966 y 1967 se promovió una carrera de diseño gráfico y de empaques que lamentablemente no se pudo iniciar. La EDA fue protagonista de la incipiente cultura del diseño entre el público mexicano: sus maestros expusieron en el Palacio de Bellas Artes en 1969; impulsaron el Centro de Diseño del Instituto Mexicano de Comercio Exterior en 1971 y participaron en el Primer Concurso Nacional de Diseño y en el Concurso para Estudiantes de Escuelas de Diseño en 1972.

Por otra parte, en la Universidad Iberoamericana, Felipe Pardiñas y Matías Goeritz abrieron en 1955 la carrera técnica en diseño industrial, junto con arquitectura y artes plásticas, que después fue cerrada; diseño industrial se convirtió en licenciatura libre en 1962 bajo la dirección de Jesús Virchez.[15] La Ibero ocupó varios inmuebles de Coyoacán y San Ángel desde 1943 hasta agosto de 1962, cuando inauguró sus instalaciones de Cerro de las Torres, en la Campestre Churubusco En junio de 1967 la Escuela de Diseño de la UIA fue invitada oficialmente a colaborar con el Comité Organizador de los XIX Juegos Olímpicos, en prácticamente todas las ramas del diseño. La Ibero ya era pionera en abrir nuevas carreras en México, como nutrición o comunicación, y percibía que era prometedora la oportunidad de abrir diseño gráfico.

El 31 de agosto de 1967 el Consejo Universitario de la UIA aprobó incluir una rama de diseño gráfico en el plan de 10 semestres de diseño industrial.[16] Las clases comenzaron el 25 de noviembre de 1968,[17] cuando Fernando Rovalo asumía la dirección de la escuela, y en 1974 se expidió el primer título de diseñador gráfico a nivel de licenciatura, a nombre de Ana María Peláez Villegas.

Centro de la Imagen, antes Escuela de Diseño y Artesanias, en la Ciudadela. Fotografía de J. Alejandro Pérez Garibay.

Centro de la Imagen, antes Escuela de Diseño y Artesanias, en la Ciudadela. Fotografía de J. Alejandro Pérez Garibay.

Como las carreras de diseño industrial y gráfico no estaban catalogadas, los títulos de la Ibero fueron libres y sin validez oficial hasta el 17 de junio de 1974, cuando se publicó en el Diario Oficial el acuerdo 8818 de la SEP que le dio reconocimiento a todas sus carreras.

También en el crucial 1968, impulsada por Horacio Durán, se aprobó en la ENA la licenciatura en diseño industrial, para cursarse a partir del tercer semestre de arquitectura; las clases comenzaron en 1969. El Centro de Investigación de Diseño Industrial aún depende de la Facultad de Arquitectura; caso poco frecuente, en la UNAM las carreras de diseño industrial y gráfico pertenecen a escuelas distintas.

En 1968 la ENAP creó la licenciatura en dibujo publicitario, [18] junto con una carrera técnica y otra de técnico auxiliar, además de las licenciaturas y especialidades en pintura, grabado, escultura y la maestría en artes plásticas.

En 1970[19] el técnico auxiliar fue suprimido y quedaron el licenciado y el técnico en dibujo publicitario. La escuela se empezó a despoblar y para 1971 se hicieron necesarias más reformas; la licenciatura en artes visuales absorbió entonces las carreras de pintura, escultura y grabado.

En 1970 la Universidad de las Américas ofreció una licenciatura en artes liberales con ciertos contenidos de diseño gráfico[20] y, en agosto de 1972, la Universidad de Monterrey abrió su licenciatura en diseño gráfico, que parecería ser así la primera con validez oficial.

En 1973 la UNAM creó dos carreras, una de diseño gráfico, de 342 créditos, y otra de comunicación gráfica, de 425, dando pie a 22 años de conjeturas: ¿cuál era la diferencia entre ellas? ¿comunicación gráfica era más teórica que diseño gráfico? Parece que en realidad no se abrieron al mismo tiempo ni por las mismas razones.

Detalle del mural del Taller de Artesanos Maestro Carlos Lazo, en la EDINBA. Fotografía de J. Alejandro Pérez Garibay.

Detalle del mural del Taller de Artesanos Maestro Carlos Lazo, en la EDINBA.
Fotografía de J. Alejandro Pérez Garibay.

Primero apareció diseño gráfico, una carrera nueva, concebida por Omar Arroyo, Alfonso Miranda e Ignacio Salazar como parte del proyecto de convertir a la ENAP en un centro de educación visual moderno en el sentido más amplio;[21] poco después se solventó el conflicto que esta innovación causaba con la “vieja guardia” de la licenciatura en dibujo publicitario, al convertirla en comunicación gráfica.[22]Ambas carreras fueron aprobadas por el Consejo Universitario en mayo de 1974 y se fusionaron en diseño de la comunicación visual en 1995.

Después de la UNAM, otras escuelas han explorado nuevos nombres para la carrera. En los años setenta la UAM la llamó diseño de la comunicación gráfica; en los noventa la Universidad de Guadalajara eligió diseño para la comunicación gráfica y la UDLA diseño de la información; la UPAEP analizaría la posibilidad de denominarla diseño del discurso visual. Otras escuelas, como veremos adelante, optaron por ofrecer la carrera de diseño a secas; aún así, se usan pocos nombres alternativos y la mayoría de las escuelas todavía prefiere diseño gráfico.

La Universidad Autónoma Metropolitana fue creada desde cero en 1974 por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, pionero del diseño en México, con fuerte apoyo presidencial y el mismo equipo casi íntegro que organizó los Juegos Olímpicos de 1968. Muchos profesores de otras escuelas fueron atraídos a la UAM por la libertad y los altos salarios; diseño de la comunicación gráfica se abrió en noviembre de 1974 en Azcapotzalco y en septiembre de 1975 en Xochimilco. Aunque decayó durante los años ochenta, en los noventa recuperó el aliento y ya en septiembre de 2005 pudo abrir una nueva división de Diseño y Comunicación en Cuajimalpa.

En cuanto a la EDA, tuvo entre 1971 y 1972 una conflictiva reestructuración que dividió la carrera de diseño artístico industrial en cuatro planes técnicos: diseño gráfico, textil, de muebles y de objetos.[23]En la EDA, como en tantas otras escuelas, los técnicos y artesanos se enfrentaban cotidianamente con los profesionistas liberales; no se adaptaban a la enseñanza escolarizada, persistían en la secrecía gremial y en el rito maestro-oficialaprendiz, manejaban los talleres como suyos, vendían trabajos por fuera, etcétera. El conflicto entre las dos escuelas, agravado por la falta de espacio en la Ciudadela, estalló en 1979; aunque en agosto de ese año el INBA elevó a licenciaturas las carreras de diseño gráfico, industrial y textil, para 1980 la Escuela de Diseño y la Escuela de Artesanías se separaron.

En 1976 se fundó la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Autónoma de Nuevo León, heredera de la Escuela de Pintura creada en Monterrey en 1943; el diseño gráfico empezó a enseñarse en 1973, aunque sólo fue carrera en 1982 como parte de la licenciatura en artes visuales y en 2001 como licenciatura en diseño gráfico.

En agosto de 1977 se abrió diseño gráfico en la Facultad del Hábitat de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí,[24] y en ese mismo año apareció el Centro de Diseño de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), con las carreras de arquitectura, diseño y bellas artes. La UAG organizó en 1980 el hasta ahora único evento de Icograda en México, que fue perturbado, según reza una tradición oral difícil de documentar, por un choque entre grupos políticos opuestos.

El 14 de marzo de 1979 un sismo, afortunadamente de madrugada, derribó gran parte de la Ibero, que permaneció en “gallineros” provisionales hasta 1987, cuando se mudó a Santa Fe. También en 1979 se mudaron a Santiago Tepalcatlalpan, en Xochimilco, todas las licenciaturas de la ENAP; en San Carlos sólo se quedó la División de Estudios de Posgrado con la maestría en artes visuales. Al terminar la década de los setenta había una docena de escuelas, y nuevos polos de enseñanza en Guadalajara, Monterrey, Puebla y San Luis Potosí.

En los años ochenta se abrieron muchas más escuelas de diseño gráfico: en 1981 la Simón Bolivar y en 1982 las Anáhuac del Norte y del Sur, así como las iberos de Puebla, Tijuana y Torreón. Para 1983 la Guía de carreras de la UNAM[25] enlista como licenciaturas en diseño gráfico las de la ENAP, la Anáhuac, la Ibero, el INBA, la UDEM, la UASLP y el Instituto Superior de Ciencia y Tecnología de la Laguna,[26] en Gómez Palacio, Durango; y de comunicación gráfica las de la ENAP, la UAM-A y la UAM-X.

En 1984 se unió a esta lista la Universidad Intercontinental, en 1985 la Universidad del Bajío (León)[27] y en 1987 la Universidad del Valle de México; en 1988 la ENEP Acatlán, la Ibero León y la UVM de Querétaro. En ese último año las escuelas de Diseño y de Artesanías del INBA se mudaron a un enorme inmueble en Xocongo, donde hoy coexisten separadamente; en 1989 se abrió la carrera en la Universidad Tecnológica de México y en la Universidad del Noreste, en Tampico. Al final de la década había quizá unas cincuenta escuelas, con muy pocos nexos formales entre ellas. Morelia, Tijuana, León, Querétaro y Xalapa se alzaron durante este periodo como nuevos centros de diseño en el país.

A fines de 1988 la Ibero invitó a los representantes de una docena de escuelas para conmemorar el vigésimo aniversario de la carrera. Reunidos por primera vez, todos coincidieron en varios problemas comunes, como la descontrolada oferta educativa, las diferencias entre los planes de estudio y el acelerado cambio teórico y tecnológico; durante 1989 y 1990 se reunieron semanalmente, soñando con publicar una revista sobre la enseñanza del diseño y organizar un encuentro nacional de escuelas de diseño gráfico. Éste se celebró por primera vez en la UAM-X, del 15 al 19 de octubre de 1990, y se ha repetido cada año hasta hoy; su corte académico contrasta con los abundantes congresos de diseño que desde entonces se han puesto de moda. El 6 de febrero de 1991 se firmó la escritura constitutiva de Encuadre, A. C., la Asociación Mexicana de Escuelas de Diseño Gráfico que hoy reúne a 50 escuelas de 22 estados.[28]

En 1990 se abrió la carrera en la Universidad de Guadalajara, como parte de su Centro de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), y en la Universidad de Guanajuato, donde pertenece a la Escuela de Diseño; ésta fue formada en 1979 con el nombre de Escuela de Diseño de Interiores, a raíz de la separación entre arquitectura y decoración en 1974; asimismo en la Universidad La Salle, la Popular Autónoma del Estado de Puebla y la Tecnológica Americana. En 1992 se agregó la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, se fundó la Unidad de Posgrado de la EDINBA y se abrió la Escuela Gestalt de Xalapa; en 1993 se abrió el Centro de Estudios Gestalt de Veracruz.

En ese mismo año la EDINBA fusionó diseño gráfico, industrial y textil en una sola licenciatura en diseño; el ITESO también abrió diseño “sin adjetivos” en 1994, como a su vez lo harían la Anáhuac México Norte, la Tecnológica de la Mixteca y otras, la más reciente de ellas la UAM Cuajimalpa.

En 1994 se convirtió en licenciatura la carrera técnica ofrecida desde 1985 por la Autónoma de Aguascalientes y se abrió la carrera en la Loyola de Acapulco; en 1995 en la Universidad del Mayab en Mérida y en el ITLA de Pachuca; en 2000 en La Salle de Pachuca, en el CETYS de Ensenada y en la Universidad Casa Blanca de Culiacán.

No sería descabellado decir que en el 2000 México debió tener unas 150 escuelas de licenciatura en diseño gráfico, divididas en tres grandes grupos:

a) Escuelas públicas prestigiosas y consolidadas, pero sobrepobladas, insuficientemente equipadas y con un crecimiento relativamente lento;

b) Escuelas privadas prestigiosas y consolidadas, la mayoría de inspiración religiosa, con baja población, crecimiento regular, buen equipamiento y costos altos, y

c) Muchas escuelas particulares de alta población, crecimiento explosivo, y de consolidación, equipamiento, costo y calidad extremadamente variables.

Por su parte, las carreras técnicas ceden terreno ante las licenciaturas; la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial de la SEP sólo ofrece seis carreras de profesional técnico en otros tantos CETIS: en diseño gráfico, dibujo publicitario y dirección de ediciones en el Distrito Federal; artes gráficas y mantenimiento de equipo gráfico en el estado de México, diseño y proyecto gráfico en Querétaro.30 Esto no implica que las licenciaturas sean mejores que las carreras técnicas, pues por la baja oferta y la alta demanda educativa en el país, los reconocimientos de validez oficial se otorgan con facilidad creciente; tan sólo en el estado de Puebla hay treinta carreras de diseño gráfico, de las cuales sólo cuatro pueden considerarse consolidadas.

Cada vez es más costeable para las escuelas pequeñas ofrecer títulos de licenciatura que de profesional técnico, pero a la vez hay un crecimiento explosivo en la oferta de cursos de computación y carreras técnicas en paquetería aplicada al diseño gráfico, que se ofrecen engañosamente como capacitación profesional, lo que deprime el mercado laboral y distorsiona la demanda educativa.

Tres razones movieron a las escuelas hacia la evaluación, la acreditación y la certificación en los años noventa: la competencia abierta entre las escuelas privadas, la necesidad de transparencia para saber qué pasa realmente con los fondos asignados a las públicas y los diversos tratados de libre comercio suscritos por nuestro país con América del Norte, Europa y varios países.

Ya desde 1981 existía la Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior (FIMPES), como contrapeso de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Enseñanza Superior (ANUIES), dominada por las escuelas públicas. FIMPES creó un sistema de acreditación que por mucho tiempo fue un requisito para afiliarse, orientado a destacar a las mejores escuelas en un entorno de libre competencia, al modo norteamericano.

En 1991 se crearon desde la SEP y ANUIES los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES), como comités de pares académicos para la evaluación diagnóstica de las escuelas, en especial las públicas. Al principio los CIEES no contaban con un comité específico para el diseño, que se incluyó entre las ingenierías hasta que en 1994 se creó el Comité de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (CADU).

Al principio los CIEES sólo se proponían hacer evaluación diagnóstica y emitir recomendaciones; pero con el tiempo la SEP les otorgó, muy a su pesar, la penosa tarea de asignar los niveles 1, 2 y 3 según el grado de consolidación de cada carrera; estos tres niveles se volvieron referentes muy importantes, sobre todo para las escuelas públicas necesitadas de recursos suplementarios con folclóricos nombres, como Fomes, Promep y PIFI.

Ya que suficientes escuelas habían sido evaluadas y se acortaba el tiempo para el ingreso de profesionales extranjeros al mercado nacional, se creó en 2000 el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (Copaes), que en 2002 convocó a asociaciones civiles interesadas en acreditar la calidad de las escuelas.

A diferencia de la evaluación, que sólo diagnostica y recomienda, la acreditación supone la existencia de un conjunto de criterios mínimos o “debes” que las escuelas deben cumplir necesariamente.

Las escuelas de arquitectura organizaron entonces un proceso aparte para crear el Consejo Mexicano de Acreditación de la Enseñanza de la Arquitectura (COMAEA); fue la cooperación entre Encuadre y DI Integra, la Asociación de Escuelas de Diseño Industrial, la que permitió constituir en 2003 el Consejo Mexicano para la Acreditación de Programas de Diseño (Comaprod).

Éste recibió en 2004 el reconocimiento del Copaes para acreditar a todas las escuelas de diseño, ya sea gráfico, industrial, textil, de interiores, etcétera.

Dentro de unos años, cuando un número suficiente de escuelas haya logrado la acreditación (al 31 agosto de 2006 sólo la tenían trece carreras de diseño gráfico en el país), hablaremos de la certificación.


 

Bibliografía

Fuentes impresas

Catálogo general de la Universidad Iberoamericana 1962. UIA, México, 1962.

Catálogo general de la Universidad Iberoamericana 1968. UIA, México, 1968, pp. 37-39.

Catálogo general de la Universidad Iberoamericana 1969. UIA, México, 1969.

Catálogo general de la Universidad Iberoamericana 1970. UIA, México, 1970.

Catálogo general de la Universidad Iberoamericana 1971- 1972. UIA, México, 1971, pp. 92-102.

Catálogo general de la Universidad Iberoamericana 1973- 1974. UIA, México, 1973.

Catálogo general de la Universidad Iberoamericana 1975- 1976. UIA, México, 1975.

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[1] Martí en realidad dijo que sólo hay un niño hermoso en el mundo y cada madre lo tiene. Pero la frase se puede aplicar en este caso.

[2] Un agradecimiento muy especial a Encuadre, a la Edinba, a Berenice Miranda y a Pilar Maseda; al personal de la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero y del Archivo Histórico de la Universidad Iberoamericana; de la Biblioteca Nacional, la Biblioteca Central, el Centro de Estudios sobre la Universidad (CESU) y el Centro de

Documentación José Natividad Correa Toca de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP) de la UNAM, así como al personal de las universidades consultadas.

[3] Las facultades y escuelas de la UNAM: 1929-1979. Vol. III, tomo I, UNAM, México, 1979.

[4] MASEDA, P., La Escuela de Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes. Tesis de maestría, FFL-UNAM, México, s/f. Gran parte de los párrafos siguientes proviene de esta misma fuente.

[5] La enseñanza del diseño gráfico en México. Comité de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (CADU) de los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES), México, 2000.

[6] SÁNCHEZ ARREOLA, F. E. Catálogo del archivo de la Escuela Nacional de Bellas Artes 1857-1968, Archivo Histórico del Centro de Estudios sobre la Universidad. UNAM-IIE, México, 1998, pp. 19-24.

[7] Tal es el caso de la Facultad de Artes Visuales de la Universidad Autónoma de Nuevo León y de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro, por ejemplo

[8] “Reseña histórica de la DGETI”, en http://www.dgeti.sep.gob.mx/ newweb/Documentos/histor.htm, México, 2005.

[9] Instituto de Dibujo Publicitario y Artístico, en http://www.avantel.net/~aleedesq/page4.html, México, 2005.

[10] MASEDA. Op. cit. Los dos párrafos siguientes son de la misma fuente.

[11] La Escuela Nacional de Arquitectura conservó una parte del edificio de San Carlos hasta 1967.

[12] Guía de carreras universitarias. UNAM, México, 1956, pp. 91-94.

[13] MASEDA. Op. cit.

[14] Cuarenta años en la enseñanza del diseño 1962-2002. Memoria de la Escuela de Diseño del INBA. INBA, México, 2002.

[15] Catálogo general de la Universidad Iberoamericana 1962. UIA, México, 1962.

[16] La universidad y el reto del México contemporáneo. Edición conmemorativa del XL aniversario de la Universidad Iberoamericana. UIA, México, 1983, pp. 172 y 301.

[17] Catálogo general de la Universidad Iberoamericana 1968. UIA, México, 1968, pp. 37-39, y catálogos generales de la Universidad Iberoamericana 1969, 1970, 1971-1972, 1973-1974 y 1975- 1976, UIA, México.

[18] Planes y programas de estudio. UNAM, México, 1968, p. 35 y ss.

[19] Guía de carreras. Planes de estudio. UNAM, México, 1970, pp. 43-69, y guías de carreras de la UNAM de 1976, 1980, 1983 y 1992.

[20] Comité de Arquitectura, Diseño y Urbanismo. Op. cit.

[21] CARRIÓN PARGA, A., “La Escuela Nacional de Artes Plásticas y el proyecto de la licenciatura en Artes Visuales”, en http://discursovisual.cenart.gob.mx/entorno/entady.htm, México, 2006.

[22] GARIBAY, R. Breve historia de la Academia de San Carlos y de la Escuela Nacional de Artes Plásticas. UNAM, México, 1990.

[23] MASEDA. Op. cit.

[24] PALAU, M. T. Facultad del Hábitat. Historia y perspectivas, UASLP, San Luis Potosí, 2000.

[25] Guía de carreras. Planes de estudio. UNAM, México, 1983.

[26] ISCYTAC, ahora denominado Universidad La Salle Laguna.

[27] Ahora denominada Universidad De La Salle León.

[28] Historia de Encuadre, Asociación Mexicana de Escuelas de Diseño Gráfico, elaborada con datos de las escuelas afiliadas, en http://www.encuadre.org/historia.html, Encuadre, México, 2006.